
El original de este artículo es de propiedad de mi buen amigo Gustavo Valcárcel Salas, pero por la trascendencia de su contenido lo publicó en el Portal Interactivo Gener@acción, pues dado su alto nivel de difusión, puede el contenido de este artículo llegar a más personas y formar corriente de opinión. Gracias.
EL BESO DE JUDAS
Por Gustavo Valcárcel Salas
Dentro del proceso que sigue la parroquia de Moquegua contra el Municipio Provincial y el Sector de Educación, en su afán de apropiarse del parque y del local del colegio fundado por Bolívar y donde hoy funciona el colegio Santa Fortunata, el mes pasado el párroco ?a través de su abogado y sin duda que con la anuencia del obispo- hizo una insólita propuesta con el deseo de conciliar.
Dijo en el juzgado que como "la Municipalidad acredita conforme a ley ser los poseedores directos del parque", entonces se lo "cede". Igualmente, "ceden" el colegio a Educación para formar un patronato cultural del que ellos deben formar parte, y se quedan con el área que sirvió como capilla provisional, la misma donde había existido la iglesia del colegio jesuita, que después fue templo franciscano y terminó siendo la capilla privada del colegio La Libertad, destruida por el terremoto de 1868, y que siempre, siempre, ha sido parte inseparable del colegio, desde sus lejana fundación en 1711.
Esta es una propuesta que ha merecido el rechazo más enérgico. Nuestros religiosos pretenden apropiarse de un inmueble que jamás les ha pertenecido, en el que nunca han tenido posesión en trescientos años de historia. Ahora la verdad empieza a abrirse paso y a imponerse en forma natural.
Hace diez años, cuando presentaron su demanda, tan contradictoria como desvergonzada y cuasi clandestina, no se notificó a nadie porque juraron que desconocían a quien pertenecía el colegio y el parque. Tuvieron el empacho de sostener que estaban en posesión del colegio y del parque con pleno ánimo de dominio por más de tres siglos.
Fue así como les dieron la propiedad que se apresuraron a inscribir en los Registros Públicos con la prisa y negligencia de lo que huyen con la conciencia turbia: cometieron errores insalvables.
Por eso se reabrió el caso por orden de la Corte Suprema. No tuvieron más que reconocer a regañadientes los derechos del Municipio, pero se los negaban a Educación.
Mientras tanto, la fuerza de la verdad seguía su avance sostenido e implacable. Educación fue admitido en el proceso.
Ahora tienen la desfachatez de decir que el colegio, es decir el edificio, es del Estado, pero que se construyó en terreno de ellos.
¿En qué momento se convencieron que el Municipio es el poseedor legal del parque? ¿Cuándo los iluminó la verdad de que el Colegio es del Estado? Sin duda que después de jurar que ellos eran los dueños y poseedores.
Pero no podemos admitir que pretendan ceder lo que no les pertenece. Lo que cabe es apartarse de un proceso que jamás debieron presentar; en el que nunca debieron insistir; en el que han inducido a respetables vecinos a pecar, levantar falsos testimonios y a mentir. Empezaron con una demanda necia y ahora concluyen con una propuesta majadera.
No repara que otras veces nos han dicho de manera vacilante que el bien es de los jesuitas, o han sostenido que todo el inmueble pertenece a los franciscanos. Pero sea jesuita o franciscano el obispo alega como una letanía herética que el terreno es y siempre ha sido de la diócesis, las que son tres personas jurídicas diferentes. Como si dijera tuyo o de él, pero es siempre mío. Cosa que nadie entiende, excepto el párroco que le contesta con entrenada obsecuencia: así sea, amén.
Todos confiamos que en el juzgado se corrijan estas aberraciones.