
La segunda entrevista exclusiva que concede el presidente Alan García a un diario de circulación nacional en menos de un mes – El Trome – no abona nuevos ángulos sobre el balance de cierre de gobierno hecho en la primera. Las preguntas y respuestas se constriñen básicamente a circunstancias de la coyuntura (sobre las que el jefe de Estado suele explayarse al final de cualquier inauguración) y al ámbito de sus aprensiones y vivencias más íntimas. Éstas últimas sí que traen algunas novedades.Sin embargo un aspecto que resulta destacable y pocas veces se le visualiza como uno de los activos de García cuando tiene ocasión de declarar, es el reconocimiento que otorga a la tarea de otros mandatarios y su aporte al país, pese a que fueron adversarios enconados del APRA y sus líderes, al punto de perseguirlos o combatirlos con armas vedadas por la ley.Interrogado por ejemplo sobre quién fue un buen presidente del Perú, Alan no duda en señalar a Augusto B. Leguía, el lambayecano originalmente civilista que gobernó entre 1908-1912 y 1919-1930. En la segunda administración de Leguía insurge la gran ola del pensamiento social peruano del siglo XX luego de la promovida por la llamada "generación del 900" (José de la Riva Agüero, Alejandro Deustua, Julio C. Tello, los hermanos Francisco y Ventura García Calderón, entre otros) y aparecen los manifiestos de José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre por un cambio profundo de la estructura económica y política del país.Como se sabe, Leguía encarceló y luego deportó a Haya de la Torre, quien sólo pudo arribar a nuestra tierra después de la caída del oncenio. Pese a ello, ningún rencor brota en el análisis justo de lo que dejó ese gobernante tanto en el caso de Alan como en el mismo fundador del APRA quien en su última entrevista televisiva – para el programa de Alfredo Barnechea, año 1979 – dijo también que sin duda Leguía fue el mejor presidente.Similares expresiones tiene para Alberto Fujimori (el que mandó a rodear su casa el 05 de abril de 1992, impuso una guardia en las habitaciones de sus entonces pequeños hijos, no le dio garantías para venir al Perú a la muerte de su padre, etc.) a quien le reconoce una contribución decisiva para la derrota del terrorismo y la inflación, así como la introducción de elementos de modernidad en diversas áreas. Y para Alejandro Toledo (el que se alió con Fernando Olivera para removerle a García los temas de los penales 1986) le atribuye mantener el sentido de una democracia abierta al mundo y las bases de los TLC.En un país de odios cainitas, bajas pasiones y políticos de adjetivo, ya es un lujo tener un presidente que domina el arte de no ser mezquino.