
LA RENUNCIA DE ROCA
El Partido Aprista cierra un penoso y absurdo capítulo con la anuencia - ¡por fin! – de Carlos Roca a dimitir la candidatura a la alcaldía de Lima. Tres semanas de debate público sobre el particular sólo ha cosechado un daño terrible a la imagen del partido oficialista y sus otros candidatos a la dirección de las regiones o municipios. Un caso psiquiátrico muy difícil de imaginar en una organización política con 80 años de vida. Han hecho falta demasiadas explicaciones que forzaran esta esperada determinación, la cual lamentablemente coincide con el retiro de la aspirante al mismo cargo del Partido Humanista, Eugenia de la Puente. Lamentable porque era un gesto esperado de un movimiento político muy joven que se ve perdido en la contienda pero nunca de otro bastante antiguo. La definitiva fue manifestada por el presidente Alan García quien señaló al diario El Trome que le daría mucha pena ver al PAP con uno por ciento de votación en Lima. Como en el caso de la licencia de los dos secretarios generales apristas, la decisión final tuvo que ser precedida de una reflexión cruda, objetiva y pública del máximo líder de ese partido. Y es que en ambas circunstancias estuvo en juego la tentación de desafiar la perspectiva de García Pérez, gracias al impulso de un regular número de militantes que ha tomado el control de los espacios cibernéticos apristas donde despotrican del presidente, los ministros y otras autoridades públicas. La situación de Roca sirvió para entusiasmar a ese grupo de adversarios internos que a lo largo de cinco años ha venido socavando la fe de los apristas en la tarea social de su propio gobierno. Ahí es donde Roca enfrentaba un dilema moral y práctico. Moral porque su emergencia en el PAP se dio de la mano de Alan como discípulos directos de Víctor Raúl Haya de la Torre, aunque con divergencias al culminar la vida de éste que poco después fueron disipadas. Y práctico porque Roca había servido al mismo gobierno en calidad de embajador del Perú en Italia, cumpliendo una breve pero respetable labor. Convertirse en instrumento de confrontación al primer mandatario debió ser una pesada carga para un militante disciplinado, fraterno e inteligente como Roca. El asunto de su candidatura tuvo un problema de origen y – como lo hemos dicho hasta el cansancio – en nada afectaban sus variadas calidades personales que hoy se han puesto en evidencia con su sensata renuncia. Sin embargo, también reiteramos que este episodio afectará la campaña general del PAP porque se han invertido demasiadas palabras, discusiones y gestos nocivos. Lo veremos luego del 03 de octubre.