
La verdad es que no se ganó nada. En el mundial de México 70 se hizo buenos partidos y se derrotó a un par de equipos sin mayor historia futbolera, además de arrancarle un empate al Brasil de Pelé, que a la postre sería campeón. Pero no se quedó segundo, ni tercero, ni siquiera cuarto.
Celebrar los 40 años de un partido sabe a tan poco como celebrar cuando se gana diez soles en la Tinka. Tienes que celebrar si te llevas la Tinka, pero no si te ganas diez soles. Por supuesto, a falta de verdaderos éxitos, los nostálgicos se aferran a supuestas "hazañas épicas" que en verdad no lo fueron.
Es como cuando el resto de países habla del "gran toque de balón del fútbol peruano", y de Cueto, Cubillas, Uribe y Oblitas. La verdad es que los entrenadores y jugadores de las demás selecciones sudamericanas declaren eso luego de golearnos suena a burla.
A mí me gusta ver buen fútbol. Por eso no veo el campeonato peruano. Sin embargo, la verdad es que, cuando juega la selección, veo el partido solo, deseando en lo más profundo de mi ser que esta vez sí, por favor, Dios, aunque sea empatemos.