
Los científicos españoles que lo descubrieron en La Cierva, en la provincia española de Cuenca, este dinosaurio, aseguran que vivió hace entre 120 y 150 millones de años, medía unos seis metros de largo y marchaba erguido sobre sus patas traseras.
Gracias al esqueleto casi completo, encontrado en un excelente estado de conservación, los científicos pudieron estudiar dos extraños detalles en el Concavenator corcovatus, como lo bautizaron los paleontólogos.
Este reptil presentaba una especie de joroba formada por dos vértebras hipertrofiadas en la mitad de la columna vertebral, una característica desconocida hasta ahora y cuya función es un misterio.
"Es la primera vez que encontramos una estructura así en la espina dorsal de un dinosaurio, aunque sí aparece en algunos animales actuales, como la vaca, por ejemplo", señaló Ecaso.
Todavía más extrañas son unas protuberancias en el hueso del antebrazo, cuya estructura y ubicación son similares, según los científicos, a los puntos de implantación de las plumas en numerosas especies de aves.
La hipótesis más probable es que esos apéndices fueran filamentos cortos y rígidos, sostuvieron los investigadores, pero sin poder responder a la discusión latente sobre la presencia de plumas en los dinosaurios.
El Concavenator se trata de un animal "extraño" y un "espécimen único" en su género, destacó Fernando Ecaso, de la Universidad Autónoma de Madrid.
Al parecer, este dinosaurio es un ancestro de la familia de los carcharodontosauros, los más grandes predadores de la historia, que podían superar en talla y peso al célebre Tyrannosaurus rex.
Fuente: infobae