
Con su característica sonrisa, al candidato a la alcaldía de Lima, Gonzalo Alegría, no le averguenza ponerse su pijama roja y cantar el besito de las buenas noches a un niño de algún asentamiento humano de un cono alejado de la ciudad, donde decidió quedarse a pasar la noche para convivir con los vecinos y conocer sus carencias.
Aunque para algunos ello resulte ridículo, para otros es una forma de acercarse y conocer in situ los problemas que aquejan a los limeños.