
Hace 30 años, cuando era muchacho, veía a mis amigos jugando, jugaba con ellos, en forma transparente y humilde. Todo en esa época era tranquilidad, reinaba cierta armonía en el barrio...
Ahora todo ha cambiado. Muchas cosas han cambiado. Mis amigos han sido víctimas de los problemas y de crisis emocional. Se han transformado, sus vidas han cambiado. Ya no es lo mismo.
Varios de ellos han sido atrapados por las garras de la droga. Todo, sé ahora, empezó como un juego. Un pitillo de marihuana, luego un mixto (mezcla de marihuana, marimba, con pastel) o simplemente un tabacazo. Todo acompañado de sus chatitas de ron. ?Para refrescar la garganta que se reseca?, me decían.
Al principio todo era jajaja, jijiji, risas, (buena hermano, buena loco), luego las cosas cambiaron. Las amanecidas, las húmedas malanoches de invierno y verano pasan al final la factura. No somos de acero: Se levantaban matados al día siguiente. Se perdían los trabajos. A patear latas se ha dicho.
Pero el vicio ya estaba adentro. Ese bichito que pudre; después vendría la abstinencia, lo que se llama la angustia, la necesidad de consumir más pastel, más marimba, más alcohol; pero esta vez misios, a buscar dinero donde se encuentre, no queda otra alternativa.
Drogas más tabaco sin dinero es igual a robo, a atraco. Ya se pueden imaginar como muchos de mis amigos terminaron. En la cárcel. Otros incluso han muerto por exceso de consumo de droga, o porque después, como es el caso de un familiar muy cercano, de derivar al consumo de otro tipo de drogas como la heroína, se infectaron con el Sida.
Qué les puedo decir, sino es tan solo que a la droga y, también, al tabaco le digan desde un principio ¡No!