
Recordemos que las causas de esta situación comienzan hace tres años en los Estados Unidos de Norteamérica, cuando los Bancos Centrales tuvieron que intervenir para proporcionar liquidez al sistema bancario en crisis. Sin embargo esta intervención no resultó suficiente y decenas de bancos y entidades financieras quebraron. Este colapso arrastró a los valores bursátiles y la capacidad de consumo y ahorro de la población.
Una serie de motivos, entre los que destaca la burbuja inmobiliaria estuvo en el origen de esta crisis económica, y a esa burbuja se llega por una sobretasación en el valor de los inmuebles a la hora de establecer los créditos hipotecarios. Todos recordamos las famosas “hipotecas subprimes”. Cuando el precio real inmobiliario resultó mucho más bajo que el tasado por los bancos, los valores relacionados con esos créditos se extendían por todo el mundo. Se hundió la banca, se hundió la bolsa y se temió otra gran deflación. Los gobiernos de las naciones intervinieron inyectando cantidades astronómicas de dinero al sistema bancario, y como ese dinero no lo tenían se endeudaron.
Hubo unanimidad política y social en exigir una regulación de los mercados financieros para impedir que se pudiera repetir esta situación provocada por el mal funcionamiento del libre mercado.
El sistema financiero pudo salir de la crisis, no se encuentra aún totalmente restablecido pero su “vida” ya no peligra. La cuestión es que sus consecuencias sociales, cierre de miles de empresas, despidos masivos de trabajadores y trabajadoras, repunte importante de la pobreza, y cifras desorbitantes del paro, las estamos y las seguiremos sufriendo durante años.
Ahora los Estados, es decir todos los ciudadanos, tienen que devolver lo que deben, se socializó transitoriamente la banca, impedimos un hundimiento total del sistema financiero internacional a costa de endeudarnos.
Las necesarias reformas en los mercados de capital se han dejado en el cajón de los olvidos, y simplemente se debaten tímidas medidas. Los EEUU quieren implantar unas tasas a las transacciones bancarias para recuperar algo de lo invertido por el Estado, la Unión Europea no pasa de solicitar incrementar los fondos de garantía para hacer frente a eventuales crisis bancarias.
Las grandes instituciones financieras internacionales exigen la rápida bajada de la deuda contraída por los Estados, y los gobiernos toman medidas drásticas para tal fin: se bajan los salarios, se bajan las pensiones, se paraliza la inversión pública, se desregula el mercado laboral y se suben aquellos impuestos que afectan a todos los ciudadanos. En resumen, nos aprietan el cinturón a todos los trabajadores para salir de una crisis que no hemos provocado.
En España el 29 de septiembre las dos principales Centrales Sindicales, UGT y CCOO, han convocado una huelga general para rechazar las reformas laborales impuestas por el gobierno, la congelación de las pensiones, el incremento de la edad de jubilación y los recortes salariales.
Las movilizaciones para un cambio en el sistema económico internacional, para un justo reparto de los bienes generados con el esfuerzo del trabajo, para la erradicación de la pobreza y para la implantación de un sistema más social y más justo, son necesarias en estos momentos en los cuales también peligran los derechos laborales y sociales conseguidos tras muchísimos años de lucha y sacrificio.
Por primera vez las movilizaciones afectan a un continente, Europa, convocadas por la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y por la Centrales Sindicales que la integran. La unidad de toda la Clase Trabajadora es necesaria por ser un valor fundamental para luchar por un mundo mejor y más justo.
Ángel Gracia Peris
(Unión General de Trabajadores –UGT- España, delegado del Instituto Sindical para la Cooperación al Desarrollo de UGT – ISCOD – en el Área Andina)