
Hay intereses en borrar de la historia las gestas solidarias que deberían ser ejemplo en nuestra patria, pero prefieren ponerlas bajo una pátina de mezquindad y seguir trasmitiendo ideas erradas sobre nuestros pueblos y sus sacrificios por logros mejores.
Se repite machaconamente que la reincorporación de Tacna al seno patrio se hizo como un acto solitario; esto es, sin que nadie del Perú los apoyara durante los años que duró la ocupación por los chilenos. Ya es tiempo de hacer algo para modificar esos conceptos y sí hubo y hay un pueblo que apoyó a Tacna de distintas maneras a lo largo de los 50 años que duró el cautiverio. Ese pueblo se llama Moquegua.
Si usted lee las memorias de nuestro historiador Jorge Basadre Grohmann, podrá deducir que Tacna NO ESTUVO OLVIDADA ni dejada sola durante los 50 años que duró su lucha por mantener la peruanidad. La primera evidencia la colegimos cuando nuestro Historiador de la República en sus memorias menciona el recuerdo de su infancia en que disfrutaba de los dulces moqueguanos (No hay que olvidar que Basadre deja Tacna cuando tenía 9 años).
Ante esta evidencia nos hacemos la pregunta ¿Si nadie apoyaba a Tacna, cómo el niño Basadre podía disfrutar de esos dulces llevados de Moquegua? Muy esencial, había una primera modalidad de aprovisionamiento por el mar, que se realizaba durante la noche y desembarcaban en el Morro de Sama. De allí la creencia tradicional que durante muchísimos años se decía que "las cabezas de las brujas de Sama volaban durante la noche" ello debido a que en las pampas de Sama durante la noche, al fondo del horizonte, se veían unas luces en movimiento y eran las antorchas de los que se encargaban de hacer la descarga y transporte de los productos que con regularidad se enviaban. La segunda modalidad de abastecimiento eran los arrieros, que por caminos ancestrales para proveer el Alto Perú, eran ahora válidos para atender a Tacna y fruto de ese caminar fue el descubrimiento de las minas de Toquepala.
Es muy importante hacer notar que entre los pobladores de Moquegua y Tacna existían muchos vínculos familiares además de los amicales que sí se supieron cultivar desprovistos de rencillas u odios. Al respecto hace algunos años el doctor Félix Denegri Luna en una conferencia magistral y para resaltar el patriotismo de los moqueguanos decía que su actitud era tan valerosa que hasta las piedras mostraban su heroísmo.
Es importante resaltar que esta continua solidaridad se realizó no obstante haber sido Moquegua devastado por la invasión chilena, que le destruyó todos los viñedos, las bodegas e instalaciones de su industria vitivinícola, el ferrocarril y el puerto de Ilo. No hay que olvidar que después de Lima, Moquegua fue el departamento que más sufrió la furia devastadora chilena y el Estado Peruano nunca realmente lo ha compensado por las pérdidas ocasionadas por la Guerra con Chile, actos que sí lo hizo con muchos departamentos que no se perjudicaron ni sufrieron como Moquegua.
Hay muchas cosas más por decir, pero prefiero sean otras plumas las que lo digan y termino diciendo como el poeta, se que con mis palabras "a nadie hiero, porque ceñido a la verdad estoy".
Nota: la fotografía que acompaña este artículo, tomada en Tacna y ciudad a la que le tengo gran aprecio por razones personales y familiares, es de las buganvilas que se mencionan en la Polca "Tacna".