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Domingo 06 de septiembre 2009

CRIOLLISMO: MODELO PARA ARMAR (CAPITULO 1)

En un antiguo artículo decíamos que el criollismo es el modo de vivir del limeño por antonomasia, es su manera de gozar la vida, de interpretar y disfrutar su música y de paladear su acerbo cultural, su arma de supervivencia, un prisma hecho en casa para observar la realidad, pero también su actitud frente al mundo que lo rodea.
Domingo 06 de septiembre 2009

Escribe: Manuel Araníbar Luna

 

Es una actitud, porque la reacción del criollo ante los estímulos externos varía con respecto a la persona. Un criollo, ante una agresión o ante un improperio verbal, reacciona al estilo calle. Un criollo ve las cosas de acuerdo a su sentir. Un criollo corteja y se enamora al estilo calle, paralelamente al formal que se enamora en balada, tango o bolero.

 

Y en lo que respecta a las actitudes, podemos resumirlo con ejemplos y en gráfico, para describir de manera práctica las actitudes del tipo formal y criollo ante diversas situaciones de la vida diaria y con esto delinear la brecha que siempre existió entre los criollos y los formales, y que muy pocos se tomaron el trabajo de describir desde la óptica del criollo, es decir, desde abajo, y no desde el frío punto de vista del estudioso académico que jamás pisó un callejón, que se empapó en la materia sólo por libros leídos y que pone el mismo interés en describir una mariposa calavera, un petroglifo pre-nasca o una dalia amazónica, terminado lo cual, guarda sus folios y a otra cosa mariposa.

 

Cuando decimos que es un modo de vivir nos referimos a las costumbres adquiridas desde la niñez, y cuando afirmamos que es un arma de supervivencia nos referimos a la manera de reaccionar, improvisada y llena de inspiración, ante los peligros que comprometen su seguridad, su libertad, su pan, su trago y su derecho a jaranear. Porque el criollo nace, no se hace.

 

Me explico: digo que nace, no por haber nacido en un callejón, sino -como lo canta Celio González en "Te quiero porque te quiero"- porque le nace del alma. Claro, hay excepciones que confirman la regla, por ejemplo, quienes han llegado del extranjero, o de provincias y se han acriollado a tal punto que es difícil deducir si son o no limeños. Pero es que estas personas vienen con esa predisposición a la jarana, del mismo modo que sucede en quienes jamás han visto un piano ni en foto y de improviso lo tocan y aprenden con una facilidad lindante con las facultades extrasensoriales. A esto le llamo "nacimiento del alma".

 

Si se trata de definir al criollo con una sola palabra chocaríamos con ese invisible tirano que son el tiempo y el espacio, porque a dicho arquetipo representativo de la cultura peruana no se le puede definir con una sola palabra, porque esto de retratar una idiosincrasia tan enrevesada, alambicada y compleja no es una rígida fórmula matemática ni un test mental de ingreso a una universidad: es algo que tiene más de cuna de palo y menos de incubadora de pollos, tiene mas de soul que de tecno, tiene más de espíritu que de músculo, mas de bobo que de academia, mas de comba y cincel que de cuaderno.

 

Algunos -esa clase de académicos quienes resumen todo con una sola palabra- lo llaman viveza, como sinónimo de criollada. Otros, más cerca del enfoque político-social, lo llaman conformismo. Los filósofos lo ven como una escuela y los acartonados lo encadenan a la vagancia. Como se puede deducir, el criollismo no se define con academia ni con colegio, sino más bien se vive, se expresa con hechos, se desarrolla con gestos, se manifiesta con actitudes. Y, por último - esta es la carnecita -, se goza. Y para mejor definición, aquí tengo una receta de cocina: metamos en una olla -de barro, por supuesto- la replana, el callejón, el caño, el cordel, el cajón, la guitarra, el vals, la polca, las décimas, la marinera, las chapas, las comidas, la mazamorra, el turrón, la procesión, la serenata, (sin olvidar el sablazo) y el resultado será -mejor que cualquier definición- un sancochao llamado criollismo.

 

Como podemos observar en el Cuadro Comparativo 1, en estas situaciones la actitud del individuo formal es más la de un calzonudo, tetelememe o camastrón, sin dejar de ser un cucufato, saco largo, calentador (o termo), pan de Dios e Inocencio; mientras que el criollo, por el contrario demuestra ser irresponsable, alegrón, huasca, cambalachero, chonguero y una mezcla del Manyute de Osorio, del Jarano de Crose y del Sampietri de Julio Fairlie, los tres arquetipos de la idiosincrasia del criollo limeño, del prototipo del homo limensis, que aparecieron hasta hace algunos años en las tiras cómicas de los periódicos limeños (ver Cuadro Comparativo 2 ). (Continuará).

 

Por motivos de formato nos es imposible colocar el cuadro comparativo. Pero a solicitud del lector lo podemos enviar vía e-mail. Idem.

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