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Domingo 06 de septiembre 2009

CRIOLLISMO, UN MODELO PARA ARMAR (CAPITULO 2)

No nos engañemos: la verdadera garantía del éxito no la da el ser criollazo cien por cien ni el ser demasiado formal. Por el contrario, los problemas empiezan cuando el criollo se muestra en su total faceta y a lo único que contribuye es a su propio descalabro y, haciendo un paralelo, el tipo formal cuando está navegando en aguas que no son las suyas y se muestra en toda su dimensión recibe los peores resultados. Es decir, queda perdido lo mismo que una salchipapa encima del cebiche.
Domingo 06 de septiembre 2009

Escribe Manuel Araníbar Luna

 

ÉXITOS DEL CRIOLLO

 

Los antiguos dicen que el criollo no se muere de hambre y ese dicho no siempre es cierto. Criollos he conocido, vivos, jaraneros, gozados y, en algunas épocas, con los bolsillos llenos de billetes que han fallecido en la más completa miseria, muchas veces mendigando un pan o un trago, y otras en asilo para personas desamparadas.

 

La lista es conocida, pero baste mencionar al extraordinario Alejandro Cortez, primera voz de Los Morochucos, a Rómulo Varillas, a la Limeñita y Ascoy, a Pastor Zuzunaga y paremos de contar, porque ya cansa reiterar pedidos y críticas al gobierno y sus instituciones culturales, PORQUE TODOS SABEMOS QUE SÓLO MENCIONAN EL CRIOLLISMO EL 31 DE OCTUBRE Y SE OLVIDAN EL RESTO DEL AÑO.

 

Algunos criollos irresponsables triunfan casi sin darse cuenta y muchos individuos formales pegados a las leyes, esclavos de la planificación y el método, fracasan. Aquí - me refiero al Perú donde todo puede pasar - prima más la suerte, la cutra y el arreglo, la improvisación y el "vamos a ver qué pasa" que la perseverancia, la planificación y el frío análisis. Por siaca, no estamos haciendo una apología del criollo irresponsable ni denigramos al zanahoria. Ambos tienen y merecen su propio lugar y su oportunidad en la historia. Ambos se desempeñan inmejorablemente en sus respectivos campos.

 

Lo que sí es cierto es que se necesitan un poco el uno del otro. El éxito lo obtienen los que le ponen su sazón criolla a sus actos, con ciertas pinceladas - aunque hipócritas - de formalidad Cuando afirmamos que se nace criollo, no queremos decir que la única manera de ser criollo es naciendo con una guitarra y un jonca. No, que va. La mayor influencia, por supuesto la da el nacimiento y la crianza en un hogar criollo, pero también la proporciona la cruda calle, donde uno aprende a jugar a las bolitas, a enrollar la huaraca, a dominar la pelota, a darse de trompadas y a retrucar las puyas de doble sentido. Y, aunque parezca mentira en estos tiempos de zaya boliviana y perreo, algunas veces los mismos profesores del colegio fiscal donde uno aprendió a garabatear sus palotes.

 

Quien firma estos apuntes aprendió El Payandé de su maestra de segundo año de primaria, la señorita Garro (en estos tiempos la llamarían "miss"), quien, no tan amorosamente, pero sí con mucho fervor y temblorosa voz, nos lo enseñó con algunos tatequietos de por medio. ¡Y jamás se nos olvidó! (Me refiero a la canción y - justo es divulgarlo- a los tatequietos). Desde niño, cada vez que había fiesta en mi casa o en la de mis parientes escuchaba música criolla en vivo, puesto que mi padre y sus amigos tocaban guitarra y cantaban valses, polcas y marineras de la guardia vieja. Y a esto hay que añadirle que desde nuestra adolescencia nos acercábamos tres o cuatro amigos a escuchar música criolla desde las ventanas del restaurante "Tradición". ¿Qué nos empujaba a hacerlo en una época en que las radioemisoras rompían los parlantes con música de Elvis Presley, los Beatles y Chubby Checker? Lo ignoro, pero no me arrepiento, como sí lo hago de algunas canciones y películas de la nueva ola, que me conmovieron en aquellos tiempos, pero que hoy...mejor lo comentamos en otro artículo.

 

HIJO NO TENEMOS Y NOMBRE LE PONEMOS

 

¿Pero cómo le llamaríamos al limeño que no es o no se siente criollo? Por ejemplo el rockero o el salsero, será limeño pero no es ni se siente criollo, (ojo que nos referimos a quien gusta de o practica la música criolla) por tanto hay quienes los llaman estirados, snobs, o formales. Y - ¡eureka, ya la di! - esa es la palabra: el limeño que no se siente criollo viene a ser una persona formal, en tanto que la formalidad signifique obediencia civil, sujeción a las reglas, a la seriedad, a la exactitud. Pero muchos rockeros y salseros tampoco son formales ni pegados a las reglas.

 

Y los hay cabeceadores, vagos, holgazanes, fandangueros en cantidades industriales tan igual a los criollos criollos. La diferencia es que tanto el salsero como el rockero son igual de criollos, por haberse nutrido de la tradición limeña pero lo único que le falta es el amor y el deseo de jaranearse con la música criolla. Es que hay otra condición importantísima y esta es el apego a la música peruana tradicional que viene del callejón, del corralón de los barrios populares.

 

Ahora bien, si hablamos de seriedad, nos referimos a las costumbres, a la música y comida tradicionales. ¿Y qué significa seriedad en las costumbres? ¿No enyucar al prójimo? ¿No hablar en voz alta en un velorio? ¿Acostarse temprano y no asistir a fiestas? ¿No desear a la mujer de su prójimo? ¿Persignarse después de sacudírsela? Discúlpenme los ?formales?, pero eso sí que viene a ser cucufatería decimonónica (hipócritamente limeña, por cierto). (Continuará).  

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