
Por Augusto Álvarez Rodrich
El presidente García debe serenar a su nervioso equipo.
Ha sido muy oportuna la invocación de ayer del presidente Alan García para tener tranquilidad, calma y serenidad frente a los sucesos trágicos del VRAE, pues ante una situación caliente se necesita cabeza fría, pero los primeros que deben oírlo son los de su propio equipo encargado del problema pues parecen los más nerviosos.
"Se debe mantener la calma y la serenidad, lo que no significa ponerse de espaldas, ignorar al problema ni bajar la presión sobre el narcotráfico y el terrorismo", dijo ayer el presidente García al informar los acuerdos alcanzados en la última sesión del Consejo de Defensa Nacional realizada el domingo.
Junto con la revisión de la estrategia del VRAE, el presidente anunció la adquisición moderada de equipo militar; más control del ingreso de químicos a la zona; y la ampliación de la presencia del Estado con un mayor despliegue de los programas sociales con el fin de "ganarse la confianza de la población".
En la práctica, esto implica, como adelantó la semana pasada el premier Javier Velásquez, descartar la propuesta del vicepresidente Luis Giampietri de declarar el VRAE "zona de combate", retirar a la gente que estorba y entrar, como se dice, con todo. ¿A dónde planeaba el vicealmirante mudar temporalmente a las 133 mil personas del VRAE? ¿Al Centro Naval de San Borja? Es obvio que esta iniciativa no tiene ni pies ni cabeza.
Para el presidente García, el plan ?zona de combate? volvería un problema focalizado en nacional y les haría "un inmenso favor a los que matan a uno para aterrorizar a cien mil, y dar saltos desesperados y al vacío que traerían mayores problemas".
Con ello, el jefe de Estado toma distancia de las intervenciones exaltadas que en los últimos días han tenido el vicealmirante Giampietri y el ministro de Defensa Rafael Rey, entre otros, las cuales han sido amplificadas por los sectores periodísticos cercanos a ellos.
Es obvio que el plan VRAE tiene que ser revisado ante la contundencia de los hechos. Pero antes que terquedad o más recursos, lo que este necesita es ideas nuevas pues lo que se está haciendo hasta ahora no va a ninguna parte salvo a producir más muertes de nuestros sacrificados soldados y policías.
Y, para generar nuevas ideas, lo más contraproducente es que algunos deslicen algo tan inaudito, inaceptable y contrario a la libertad de expresión, como el planeamiento absurdo de que criticar al ministro de Defensa o las FFAA sea, en este contexto, convertir al periodismo en un oficio vil.
Francamente, hay unas defensas que dan vergüenza y revelan precariedad de argumentos e histeria.
Fuente: La República