
Un joven Víctor Raúl Haya de la Torre
La primera conquista amorosa de Víctor Raúl la deslizó sobre la bellísima rubia Angélica Albrecht, heredera de uno de los hombres más acaudalados de Trujillo. Se compró un terno verde con los exiguos pagos que recibió en calidad de asistente de la Corte Superior trujillana para pedir la mano pero todo se truncó, pues tiempo después la bella dama contraía matrimonio con el millonario Tapia. Esa desilusión hizo llorar a Víctor Raúl como un niño.
Admiró a Rosenda Rosse, prima de Carlos Manuel Cox Rosse, pero esta se casaría después con el acaudalado señor Hudtwalker. El idilio más intenso y apasionado lo vivió con Emilia Orbegoso, heredera de un apellido de prosapia, millonaria y bella mujer cuyos ojos azules y nobles sentimientos deslumbraron al joven Haya, pero, como nadie puede escapar a su destino, entre penas y versos y a la edad de 21 años, Víctor Raúl, partió a Lima.
Aquí conocería a Anita Billinghurst, a quien idealizó llamándola Ana Pantoja. Anita: Inteligente, sumamente bella, blanca de 1.80 de estatura y perteneciente a una de las familias más acomodadas de Lima, hija de quien había sido Presidente de la República Don Guillermo Billinghurst, cayó subyugada por la recia personalidad de Víctor Raúl y le entregó su amor. Lo cuidó como un niño y le prodigó el amor más puro que mujer alguna puede dar. Admiró al joven Haya y lo colocó en el refugio más inocente de sus sentimientos y hasta casi logra que el joven trujillano deje la política y se case con ella.
Ana Pantoja gastó sus caudales y se sintió gozosa de ser la preferida de Víctor Raúl. Le acompañó en los trágicos episodios del 23 de mayo de 1923 en la jornada de protesta cuando Augusto Leguía quiso burlar la inocencia del pueblo peruano consagrándolo al Corazón de Jesús para que nos salve de la crisis en que vivíamos. Haya es luego encarcelado, más tarde deportado, vino la Revolución de Trujillo de 1932, luego los terribles años de 1940. Haya en 1948 se asila en la Embajada de Colombia hasta el año 1954. Anita Pantoja muere en Lima en 1955 cuando Haya estaba nuevamente exilado.
Víctor Raúl Estando en México entre 1923 y 1924 reanudó la amistad con la poetisa Gabriela Mistral, atrayente mujer de sólidos rasgos, nariz aguileña, ojos verdes y penetrantes, boca ancha y triste, cabellos negros, alta estatura a quien había conocido en Lima y se sabe que entre ellos existió destellos de pasión. En el mismo México, aquel año 1924, Haya tuvo una gran amistad con el famoso pintor Diego Rivera. Esa amistad derivó en una peligrosa cercanía hacia doña Lupe Marín, esposa de Rivera quien por largos años se enemistó con Víctor Raúl aún sin conocer detalles de ese presunto desliz habido entre Haya y Lupe. Haya, incansable viajero, visita París, Londres, Alemania, a fin de conocer realidades, plantear problemas y extraer soluciones.
En 1935, Miss Ana Graves, una especie de misionera protestante, preguntó a Luís Alberto Sánchez, uno de los amigos más íntimos de Víctor Raúl, sobre el paradero de la bellísima joven alemana Alice Hoehler de quien afirmaba tuvo una relación no sólo amorosa sino fecunda con el líder trujillano de la que nació una hija que Víctor Raúl nunca negó ni aceptó y que sentía indudable molestia compartir un tema tan íntimo que resultó real con la afirmación de Gabriel del Mazo, el más cercano confidente epistolar de Víctor Raúl, quien aseguró que era verdad de que Haya sí tuvo esa hija.
Luís Alberto Sánchez estando en 1960 en Alemania supo que en el barrio de Charlotteville vivió Víctor Raúl, quien años más tarde confesó a Sánchez que, bajo la persecución de Hitler contra los judíos, él (Haya), logró que Christian, hermano de Alice, fuese permitido de emigrar a Londres. Luís Alberto Sánchez supo años después que Alice Hoehler era madre de una niña y que ella también con su hija, emigraron a Italia donde luego se casó, vivió y murió.
El 29 de enero de 1989, después de casi 10 años muerto Víctor Raúl, Edmundo Haya, el hermano menor de Víctor Raúl, le contaba a Sánchez que había conocido a un pintor italiano de apellido Giardini y le hizo conocer que en Roma, él, había pintado el retrato de la hija de Víctor Raúl y a la vez Edmundo le recordaba a Sánchez que efectivamente en la biblioteca de Haya, en Villa Mercedes, Lima, en un lugar destacado junto a unos libros, Haya conservaba el retrato de la rubia muchachita, graciosa y esbelta que tal vez sería la hija en Alice Hoehler.
Víctor Raúl nunca fue un Don Juan pero es posible, y con no poca razón, que estos apuntes sobre la real y supuesta vida amorosa parezcan innecesarios, pero frente a tanta versión antojadiza tienen gran valor que demuestran de que Haya también amó intensamente. Nunca se autoimpuso la severa castidad que a veces nos reclamaba, ni cultivó excesos o sensualidades. Era, eso sí, a decir de LAS, muy exigente en el cumplimiento del deber y detestaba, sobre todo en los jóvenes, la afición desmedida a los devaneos amorosos. Tener una hija, como Haya lo tuvo, es signo de la sempiterna virilidad que lo acompañó en todos los actos de su vida.
Autor: Blasco Bazán Vera
Primera publicación
Marzo-2009
Diario "La Industria" de Trujillo