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Sábado 09 de octubre 2010

Grau inmortal

Queridos amigos: Les envío adjunto el vibrante e ilustrativo discurso que pronunció mi estimado amigo, el doctor Sergio Tapia Tapia, el pasado día 6, en la Sociedad de Fundadores de la Independencia Nacional, en homenaje al aniversario de la inmolación de Miguel Grau en Angamos y el Día de la Marina de Guerra del Perú. No se lo pierdan si quieren descubrir capítulos emotivos y sorprendentes de la vida e historia del peruano más grande del milenio pasado. Saludos. Víctor
Sábado 09 de octubre 2010
Grau inmortal

Benemérita Sociedad
Fundadores de la Independencia,
Vencedores el 2 de Mayo de 1866 y
Defensores Calificados de la Patria.

Sesión Solemne del miércoles 6 de octubre de 2010

En Homenaje

Al Día de la Marina de Guerra del Perú y
Al 131° Aniversario del Combate Naval de Angamos

DISCURSO DE ORDEN

Del Benemérito Asociado Dr. Sergio Carlos Tapia Tapia [1]

Hoy, esta Sociedad Patriótica peruana, nos convoca para reflexionar sobre Miguel Grau, para recordar su gesta cumbre en Angamos y para rendir un merecido homenaje en su día institucional a nuestra Armada Peruana, la Marina de Guerra del Perú.

Nuestro propósito en este Discurso es reflexionar sobre la proyección que Grau tiene hacia nuestro Siglo, y con tal fin trataremos de dar respuesta a las dos preguntas que en verso plantea un poeta contemporáneo a Grau:

 

Ayer
¿Quién era Grau?
(…)
Hoy
¿Quién es Grau?” 

 1.   Ayer: ¿Quién era Grau?

En una sentida composición literaria -publicada con otras muchísimas más, en Lima en 1880, bajo el titulo “Corona Fúnebre del Contra-Almirante Miguel Grau”- el poeta Francisco Gerardo Chávez escribiendo “A la Memoria Del Inmortal Contra-Almirante Peruano Señor D. Miguel Grau”, se pregunta:

 

“Ayer
¿Quién era Grau?”[2] 

 

Indagando por una respuesta nos introducimos en la vida de Grau, y de lo que fue capaz de hacer durante su existencia: Qué extraordinaria es la biografía de don Miguel María Grau Seminario. 

Y, también buscando la respuesta a esa pregunta: “Ayer ¿Quién era Grau?”, hemos hallado el testimonio de los que vivieron en su tiempo, de los que fueron testigos de los mismos acontecimientos y de su obra: Estamos ante un hombre sencillamente extraordinario.

Por supuesto que este Discurso no tiene otra finalidad que la de animarnos todos a leer, a informarnos más, y a reflexionar sobre la vida virtuosa de Grau.

En primer lugar, debemos destacar que Grau fue famoso antes de su inmolación, en Angamos el 8 de octubre de 1879. Y, que Grau no sólo fue conocido y reconocido por los peruanos. Así: 

Dos meses y medio antes de Angamos, la juventud de Buenos Aires remitió un obsequió a Miguel Grau, diciéndole:

“La juventud de Buenos Aires interpretando el sentimiento de la República Argentina presenta este álbum al Comandante del Monitor Peruano “Huáscar”, ciudadano, marino, caballero, cristiano y héroe, en testimonio de la admiración y del respeto, que le han producido sus hazañas cívicas y militares, que renuevan en América la energía y el valor de los tiempos de nuestra Independencia. Buenos Aires, 20 de julio de 1879.” [3] 

Y, por supuesto, la muerte de Grau, fue noticia internacional:

El periódico Herald de Nueva York, del 10 de octubre de 1879:

“No se necesita haber estado del lado del Perú en la infortunada Guerra de Sud-América, para lamentar que el gallardo “Huáscar” haya sido capturado por los chilenos. (…). Que mantenga su antigua reputación, ahora que se halla en otras manos, es muy dudoso, porque comandantes tan hábiles como Grau no hay muchos.” [4] 

El diario Times de Londres, del 10 de octubre de 1879:

“El “Huáscar” es un buque histórico (…); ha bombardeado las poblaciones de los chilenos (sólo las fortificadas), perseguido y capturado los buques transportes y ha sido por varios meses el terror de las costa chilena. Al mando de un hábil y valiente oficial, y tripulado por hombres excelentes, el “Huáscar” ha sido siempre un formidable adversario.” [5] 

Y, hasta hay testimonio de chilenos contemporáneos a Grau, que lo conocieron personalmente, y así escribieron sobre él:

Gonzalo Bulnes: [6] 

“Todo elogio que se haga del caballeroso marino está justificado. Sirvió a su patria con valor, con destreza y con humanidad. Imprimió a sus acciones una nota caballeresca. Cumplía su deber sin arrogancia. (…) ni su buque ahondó inútilmente los males de la guerra. Pudo destruir poblaciones inermes y no lo hizo. (…). Alma elevada, templada en la fragua del deber, Grau enalteció el nombre de su país (…).” [7] 

La viuda del Comandante Prat, muerto durante el combate de Iquique, en el cual el “Huáscar” hundió al buque chileno “La Esmeralda”, le escribe a Grau en carta desde Valparaíso, el 1 de agosto de 1879:

“… con la hidalguía del caballero antiguo, (…) tiene la generosidad de enviarme (…) la espada [de Prat] (…).

“… tiene hoy el valor (…) de asociarse a mi duelo y (…) tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo [la] espada (…).

“… hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.” [8] 

Pero, a la pregunta: “Ayer, ¿quién fue Grau?” escuchemos el testimonio de su profesor escolar, Fernando Velarde del Campo, [9] este gramático español, residía en Londres cuando se enteró de la muerte de su antiguo alumno, y meses después -en 1880- compone estos hermosos versos, a poco antes de fallecer:

“Siendo yo joven (…) 

Fuiste mi alumno (…

Allá en la noble y opulenta Lima!

A pesar de los años (…)

(…)

Mis recuerdos más íntimos te alcanzan (…). 

“ (…)

… inspirabas entusiasmo ardiente,

Cariñosa y profunda simpatía. 

Cuando implacable comenzó la guerra

(…) 

Te vi del “Huáscar” en la humilde popa

(…)

Con grandes hechos sorprender la Europa,

(…).

CUANDO VENCIDO… VENCEDOR CAÍSTE,

(…) 

(…)

Lleno de asombro te contempla el hombre

Y llenas de entusiasmo las Américas. 

Tú permaneces refulgente y solo,

(…) 

Humilla oh Chile! tu soberbia gloria

Ante la sombra del audaz marino,

Mil veces superior a tu victoria,

(…).” 

Gran verdad, la de este verso: “cuando vencido… vencedor caíste”. Aquel miércoles 8 de octubre de 1879, entre las 9.40 y las 10.10 de la mañana se desarrolla el combate, Grau muere a las 10.00 a. m. No sólo Grau, ninguno de los oficiales que lo sobrevivió se rindieron. Dejaron de combatir porque ya no tenían con qué hacerlo, y cuando fue inminente el abordaje de las tropas chilenas, todas las espadas peruanas fueron al fondo del mar, ninguna espada fue trofeo para el enemigo, ni hubo formal rendición, pues tanto el Teniente Gárezon como el Alférez Herrera dejaron expresa constancia ante los chilenos que la bandera no había sido arriada, bandera que para que no cayera en manos de la mesnada enemiga, fue oportunamente ocultada. Del cadáver de Grau, sólo quedó una sección de su pierna derecha: “desde la mitad de la pantorrilla al pie” [10], su cuerpo fue volatilizado por la terrible explosión que voló la torre de mando del Huáscar. Junto a Grau, murió el Teniente Diego Ferré, su ayudante. Asumió el mando de la nave, el segundo comandante, el capitán de corbeta Elías Aguirre. En el fragor del combate los cañonazos del blindado chileno Cochrane volaron la torre de combate, hiriendo al capitán de fragata Melitón Carbajal, a los tenientes Palacios y Santillana, e hiriendo o causando la muerte a doce tripulantes más. Se aproximó el otro blindado chileno Blanco Encalada quedando el Huáscar entre dos fuegos, y sólo con un cañón que no giraba para poderse defender. Una nueva explosión en la torre de combate causó la muerte de Elías Aguirre y del Teniente Melitón Rodríguez, hirió nuevamente a Santillana. Asumió el comando el Teniente Gárezon, que ordenó el hundimiento del Huáscar. El fuego enemigo volvió a herir al Teniente Palacios, que seguía combatiendo teniendo amarrada con un pañuelo la quijada que le había sido arrancada. Palacios falleció posteriormente, se le contaron 19 heridas en el cuerpo. [11]

Melitón Carbajal escribió en su Parte Oficial, del 16 de octubre de 1879:

“El Huáscar cayó en poder del enemigo cuando no le fue posible ya continuar su resistencia, inutilizados sus cañones, roto su timón y diezmada su tripulación” [12] 

Por eso el poeta Pedro Paz Soldán y Unánue (Juan de Arona) canta, sin exageración:

Los escalones del mando del Huáscar,

Fueron los cadáveres de sus comandantes.”[13] 

Muerto Grau, concluyó la guerra caballeresca promovida por él. En acertada expresión de José Agustín de la Puente, terminó “la guerra de Grau” [14]. Es decir, una confrontación con límites morales, manteniendo apartados a los civiles, atacando a quienes estaban armados para responder, sin voluntad de exterminar, sin destrucción de objetivos civiles, sin daño no requerido, sin violencia indiscriminada. Luego, bajo la conducción chilena, se da inicio a otro estilo de hacer la guerra, totalmente distinto, con sistemática violación de las reglas de la guerra, con el repase de los heridos, con saqueos, con abusos, incendiando objetivos no militares, etc., etc., etc.

¿Y, nuestro poeta elegido por su verso: “Ayer, ¿Quién era Grau? Responde en su poema: “El guerrero cristiano”

Manuel González Prada, en 1885, nos dice quién era Grau, en el ayer del Perú:

“Épocas hay en que todo un pueblo se personifica en un solo individuo: Grecia en Alejandro, Roma en César, España en Carlos V, Inglaterra en Cromwell, Francia en Napoleón, América en Bolívar. El Perú de 1879 (…), era Grau.

(…)

“(…) Grau se atrajo las miradas de toda la nación” [15]  

2.  “Hoy: ¿Quién es Grau?”

El mismo poeta Francisco Gerardo Chávez, al que nos referimos al inicio, en su composición “A la Memoria Del Inmortal Contra-Almirante Peruano Señor D. Miguel Grau”, incluye en sus versos esta otra pregunta:

“Hoy
¿Quién es Grau?”

Después del Combate Naval de Angamos, diversas personas han dado respuesta a la pregunta de quién es Grau, hoy en día.

Para hoy: ¿Quién es Grau? Nos los dice José de la Riva Agüero y Osma, en el discurso que pronunció el 29 de julio de 1934, celebrando el primer centenario del nacimiento de Miguel Grau que fue el día 27: [16] 

“(…) la patria, (…), se nutre de sus mártires (…).

“Fenómeno terrible (…), la guerra, (…); parece condición y estímulo de la misma sociedad humana; (…). Si casi todos los países no tuvieran el freno temeroso de una guerra posible, ¿hasta donde no podrían degradarse por la incuria, el personalismo y la inmoralidad?

(…)

“Al comenzar el año fatídico de 1879, el Perú se hallaba inerme, su erario en quiebra y en escombros, (…)., [se] (…) pidió a las cámaras la votación de una serie de impuestos extraordinarios para costear la guerra. Contaminados los legisladores del pánico (…) dejaron de lado los impuestos (…). El rasgo pinta la pequeñez (…) de aquel medio (…).

(…)

“Ese fue el ministerio altísimo, envidiable y misterioso, que tocó a los grandes caídos de nuestra guerra; y más que a nadie a Grau, (…), sus propias virtudes lo designaban. De honradez y desinterés (…), modesto (…) de inmensa valía, reservado y silencioso (…); magnánimo, compasivo y tierno, pero inquebrantable en el deber, y exigente y riguroso de la disciplina; católico sincero, ferviente y practicante; afectuosísimo en sus relaciones familiares; (…) [leal] como amigo y como político, como marido y como padre, era una muda acusación contra (…) la frívola mayoría.

(…)

“(…) Notad cómo el Perú de hoy se asemeja a ratos congojosamente al anterior de la guerra.

(…)

“(…) para hacernos dignos de su bendita herencia, juremos todos trabajar por la salvación del Perú con la austeridad, la pureza de miras, la abnegación y el valor de que nos dio tan magnífico ejemplo.”

Por ello, la Marina de Guerra, que tiene bajo su custodia la herencia de Grau, sabe reemprender con nuevos esfuerzos el relanzamiento de campañas de difusión en la niñez y la juventud peruanas, para dar a conocer a Miguel Grau. 

La Nación es construcción del futuro, así como la Patria es depósito fiel del pasado. Porque, la nación se renueva periódicamente con nuevas generaciones, a las que hay que cultivar el conocimiento y amor al Perú, a través de la imitación de sus más grandes ejemplos, como el del heroísmo de Grau. Al igual que la Iglesia no cesa de cultivar, dar culto, a la santidad de Santa Rosa de Lima ó de San Martín de Porres.

Hoy, las nuevas generaciones de niños y adolescentes, y la juventud toda, despliegan sus conciencias dentro de las modalidades de los tiempos culturales y sociológicos que les toca vivir. Lo que hace urgente e inaplazable que el cultivo de la “memoria de Grau” sea incesante. Hoy más que nunca. Porque si no, estamos en riesgo de que les sean cultivadas “otras memorias”

Para estos esfuerzos nuevos, habrá que asumir las nuevas tecnologías de la información, las que han superado la exclusiva vía del impreso y ha desarrollado realidades virtuales que día a día son sorprendentes.

3. La Patria y el Heroísmo. 

Cabe legítimamente preguntarse, qué razones hay para ofrendar, para sacrificar la vida, por los ideales y las convicciones patrióticas. 

Una respuesta, la encontramos en Monseñor José Antonio Roca y Boloña, en su Oración Fúnebre por Grau, en los funerales de la Catedral de Lima, el 29 de octubre de 1879 [17]:

“Hay redenciones temporales, que Dios encomienda a hombres escogidos (…). En el orden político, como en el moral, esos redentores siguen, (…) las (…) huellas del divino Redentor del mundo. A su ejemplo, se inmolan por la salvación del pueblo; y, aunque, su misión no sea sobrenatural, (…), hay en ellos, sin embargo, caracteres que les asemejan (…), a Jesucristo (…).”

(…)

“Al Perú, nación cristiana y generosa, no le han faltado nunca, (…), esos hombres extraordinarios, destinados a la expiación para el engrandecimiento de su Patria. (…).” [18]

El patriotismo tiene fundamento en la doctrina religiosa, tal como lo señaló el Obispo de Cochabamba, Monseñor Francisco María del Granado, en la Oración Fúnebre por Grau, en su Catedral, el 8 de noviembre de 1879:

“(…) por qué el patriotismo es una grande y excelsa virtud a los ojos de la fe cristiana? (…) porque (…) [es] una de las manifestaciones de la caridad, (…) de (…), esta inmortal sentencia: “Majorem charitatem nemo habit, ut animam suam ponat quis pro amicis suis”. El último y superlativo grado de la caridad, es dar [la] vida por sus amigos. (S. Joaann, Cap.)” [19]

Riva agüero, en el discurso por el primer centenario del nacimiento de Miguel Grau, en 1934, sostiene:

“(…) no sólo en lo religioso, sino en lo terrenal y secular, se cumplen las (…) leyes del sacrificio (…), la propiciación del holocausto inocente y la comunicación de méritos de los mártires. Los pueblos como los individuos, infractores de los preceptos eternos, impetran el perdón desde el seno del sufrimiento; pero no lo consiguen sino cuando los escogidos se inmolan, (…).” [20]

El Capitán de Fragata Doctor en Historia, Fernando Romero, dice:

“Perdimos la guerra por nuestra inmoralidad administrativa, por nuestra petulante falta de previsión. Pero, ya se ha dicho, de ello nos redimen los gestos heroicos de nuestros hombres de mar y soldados.” [21] 

4. ¿Cuál es el Mensaje de Grau para los peruanos del Siglo XXI, en especial para la juventud de hoy, que será la protagonista de los años dos mil? 

4.1. Hay un mensaje de Grau para los niños y los adolescentes: 

Hoy, la sociedad peruana exhibe algunas realidades que rasgan nuestra sensibilidad y nuestros sentimientos. Que nos interpelan, en los dos sentidos que esta expresión tiene: porque imploran nuestro auxilio, porque nos compelen a dar explicaciones sobre estos hechos:

* Niños que nacen, se crían y desarrollan, sin hogar conformado por sus padres, con ausencia de pareja paterno-materna unida en vínculo de matrimonio y estable;

* Niños que ya trabajan en las calles de nuestras ciudades;

* Adolescentes que han asumido sobre sí responsabilidades de sus hermanos menores, compartiendo con ellos los frutos de sus tempranas cargas laborales.

Para ellos, Grau es un magnífico modelo y ejemplo: A los 9 años empezó a trabajar en la marina mercante, durante casi diez largos años. Es decir, trabajó en las últimas etapas de su niñez, agotó toda su adolescencia trabajando y empeñó el inició de su juventud en la fatiga de las jornadas marineras, de los buques a vela, navegando “por los siete mares y en cuatro continentes” [22], por todas las costas de América, de Europa y del Lejano Oriente.

Grau, que es un héroe de la Patria, asumió y sufrió en su niñez y adolescencia e inicios de su juventud, el drama del trabajo infantil. Y, la carencia de la figura materna en su hogar. Pero, él supo levantarse, por no creer en la fatalidad del destino, llegó a ser maduro afectiva y sentimentalmente. Muy lejos del resentimiento social, por los rigores de su iniciación en la vida, Grau construyó una personalidad afectuosa y comprensiva con sus semejantes, paternal con sus subordinados. Supo tejer una hermosa relación familiar con sus hermanos, sus cuñados, su esposa y sus hijos.

La niñez y adolescencia de Grau no transcurrió en una atmósfera fácil:

“En el buque mercante de esa época se vivía (…) de brutalidad (…); de abusos alcohólicos y de compuestos opiados (…); de cuchillos (…) [que se hundían] en el cuerpo del adversario (…); de cadáveres para alimentar a los tiburones; de tremendos esfuerzos físicos y de tan frecuentes actos de temerario valor que ya nadie los miraba como heroicidades (…). Tiempos, en que, por lo general, las tripulaciones estaban formadas por una moralla en la que abundaban los vagos, aventureros, fugitivos de cárceles o huidos de la justicia, ladrones, malandrines.” [23]

Hay una hermosa descripción de esta etapa formativa y formadora de la personalidad de Grau, que el recordado historiador naval Fernando Romero, nos pinta con acabada descripción literaria:

“(…), Miguel aprendió todas sus faenas de a bordo, comenzando su carrera desde grumete. Al trepar a los sobrejuanetes en temporal su cabeza se hizo firme, sus músculos fuertes y elásticos. De espiar tormentas en el barómetro y de aguantarlas, luego de torear témpanos polares, creció valeroso. La lenta navegación por la zona de calmas le enseñó a ser paciente y reposado. En lucha contra los elementos se hizo sereno, reflexivo, tenaz. Las guardias nocturnas, borracheras de estrellas, lo conformaron callado (…). Sus manos encallecieron manejando cabuyería y remos. Se dilató su pecho aspirando brea y ozono, para poder albergar un corazón que también había crecido. El sol y al aire salobre quemaron su rostro. Las ausencias, que podían durar años, domesticaron al (…) marino haciéndolo tierno para los seres lejanos y queridos (…).” [24]

4.2.   El mensaje de Grau para la juventud estudiante:

El capitán de fragata y doctor en Historia, Fernando Romero Pintado, analiza un manuscrito de Grau del 10 de agosto de 1853. Que Grau escribió a los 19 años de edad. Es una relación de los viajes que había hecho, embarcado en muy diversos buques. La escritura de Grau, a esa edad, revela a quien “no ha aprendido a hablar por libro sino por oído” [25], escribe nombres y palabras como las había escuchado, sin ningún rigor ortográfico, con errores y plagado de vicios. Sin embargo, Grau, logró superar sus lagunas formativas, siendo alumno del poeta español Fernando Velarde, quien conducía un colegio en Lima, y era autor de obras gramaticales de ganada fama en América. Hay que comparar, después, la gran superación que alcanzó Grau, cuando uno lee sus informes profesionales y las hermosas cartas que escribió.

Es decir, Grau es un vivo modelo ejemplar para la juventud estudiante, porque superó largamente las deficiencias que acusaba al haber carecido de instrucción escolarizada. Sin embargo, en cortísimo tiempo, lo superó. Tan superlativo grado de preparación alcanzó que mereció el reconocimiento “por la buena ortografía y clara redacción que se aprecia en la correspondencia del comandante Grau” [26].

Además, Grau, en su vida laboral de niño y adolescente, aprendió dos idiomas extranjeros, el inglés y el francés; mediante los que se comunicaba coloquialmente muy bien.

“Por eso no es de extrañar que (…) aparezca (…), acompañando a tres jefes navales que estaban muy por encima de él en cuanto a familia, riqueza y posición social; pero a quienes Grau igualaba o ya sobrepasaba en méritos: García y García, Ferreyros y Montero.” [27

Hay una convocatoria para la juventud peruana, del Grau de hoy día:

¡Seguir su ejemplo!

4.3.   El mensaje religioso de Grau. 

Aún es insuficiente la investigación sobre los pliegues de la personalidad religiosa de Grau, donde también deja un testimonio ejemplar, constituyéndose como modelo. 

Siendo Alférez de Fragata, Grau apoyó a Vivanco que lideró la reacción contra los liberales. Fue una Guerra Civil ideológica desde 1856 a 1858, causada por la aprobación de la Constitución de 1856 y de la ley de persecución contra los católicos, específicamente contra la Compañía de Jesús. El triunfo militar correspondió a los liberales, por lo que Grau fue separado del servicio, pasando a navegar a la marina mercante en largos viajes al Oriente. Sin embargo, los efectos políticos fueron contra los liberales, pues, el Presidente Castilla se distanció de ellos y posteriormente sancionó otra Constitución, en la que el sacerdote católico Bartolomé Herrera tuvo determinante influencia. Rectificados los excesos liberales, Grau esperó retornar al servicio de la Marina de Guerra, lo que hizo en 1863, luego de que Castilla dejó de ser Presidente, y fue ascendiendo en breve término a Teniente 2° y luego a Teniente 1°.

Los testimonios de quienes lo conocieron, son reiterativos con relación al compromiso religioso de Grau.

Grau fue larga y profundamente amigo de Monseñor José Antonio Roca y Boloña, y si el refrán dice “dime con quién andas y te diré quién eres”, conozcamos quien fue para ale catolicismo limeño de la época de Grau, este Monseñor Roca y Boloña:

Fue colaborador de las publicaciones El Católico (1855-1860) fundado por Bartolomé Herrera y La Sociedad (1870-1880) fundada por Don Pedro Calderón. A su vez, Monseñor Roca y Boloña junto con el presbítero Manuel Tovar, fundaron El Progreso Católico en 1860 y El Bien Público en 1865. [28]

El historiador Basadre dice sobre ambos padres, que “desde el diario La Sociedad (…) se enfrentaron a los Miró Quesada, Carranza, Pazos, Del Valle, Aramburú, los Chacaltana y demás colaboradores de El Comercio, El Nacional, La Opinión Nacional. El Heraldo. Entre los temas de discusión estuvieron la infalibilidad del Papa y otras doctrinas del Concilio Vaticano I y la unidad italiana obtenida gracias a la ocupación de Roma en 1870. A veces el debate se trasladó a la Universidad de San Marcos, donde Tovar y Roca y Boloña polemizaron en más de una oportunidad, con dos médicos, José Casimiro Ulloa y Celso Bambarén. Este último se jactaba de ser enemigo personal de Jesucristo.” [29]

Roca y Boloña fue nombrado prelado doméstico del Papa Pío IX, durante su residencia en Roma [30]

Monseñor Roca y Boloña obsequió a Grau una estampa de Santa Rosa de Lima, con esta dedicatoria: “Miguel: Que esta santita nuestra te acompañe y si no te regresa con vida que te traiga lleno de gloria.” Fue una dedicatoria profética. Esta estampita la tenía Grau en su camarote, puede observarse en ella que está atravesada hasta por cuatro balas de metralla.

Lejos, pues, Grau, de cualquier postura que no fuera la del católico fiel al pontificado. Su compromiso con la Iglesia Católica, ha sido testimoniado por quienes han escrito sobre él, en prosa o en verso. Grau es un modelo de caballero cristiano. Y, sobre lo que Grau dijo de sí mismo, confesando la fe que profesaba:

Francisco Paz Soldán, amigo de Grau, que conversaban en francés, lo despidió diciéndole: “Va a cosechar nuevos lauros Almirante.”. Grau le respondió: “Tout est perdu. Me voy para no volver. Esta mañana he comulgado en los Descalzos, y estoy preparado para entregar mi alma a Dios” [31] 

Así, cuando en esta Ciudad de Lima se transite por los históricos y santos lugares que tiene. Junto al convento de Santo Domingo, al santuario de Santa Rosa de Lima y el templo del Señor de los Milagros, entre otros muchos más; no hay que olvidar en este peregrinaje la capilla de la Virgen en los Descalzos, donde Grau oró por última vez, antes de marchar, tan sereno y tan seguro de sí, al holocausto patrio.

En cuando al testimonio de vida de Monseñor José Antonio Roca y Boloña, hay que resaltar que trabajó valientemente contra la ocupación chilena, en su condición de clérigo católico. Las ambulancias de la Cruz Roja fueron organizadas por él, y formuló protestas formales contra Chile ante el Comité Internacional de la Cruz Roja, en Suiza, por las sistemáticas violaciones a las normas de la guerra. Razón por la que, cuando el ejército chileno ocupó Lima en enero de 1881, Mons. Roca y Boloña se tuvo que refugiar en la sierra para evitar represalias. Tras la firma del Tratado de Paz de Ancón el 20 de octubre de 1883, y el retiro de Lima de las tropas chilenas en enero de 1884, Monseñor Roca y Boloña regresó a Lima y fue elegido diputado por la capital, para el Congreso que aprobó la paz: La dolorosa imposición de una paz que costó la cesión de los territorios que los chilenos supieron escoger para ellos.

4.3.   El mensaje de Grau para los ciudadanos del Perú

Es el de la responsabilidad en la participación en los asuntos públicos del país. 

Grau supo estar presente en los capítulos trascendentales de la vida nacional, sin rehuir definirse y jugarse por lo que creyó era lo mejor para su patria:

Este perfil de Grau, a veces ha sido inconvenientemente interpretado por algunos autores, es por ello que el Capitán de Fragata y Doctor en Historia Fernando Romero Pintado, afirmó categóricamente:

“Grau no es menos héroe porque se sublevara contra Castilla en 1856, contra Pezet en 1865, contra Tucker en 1866 y contra los Gutiérrez en 1872. Al contrario.”

Lo que es interesante destacar es que Grau no apoyó personas, sino se jugó por las ideas que las personas son portadoras. Es decir, para él valía más el principio encarnado en alguien que mereciera recibir su apoyo. Es por eso que en su itinerario cívico observaremos que actuó según los dictados de su conciencia, brindó apoyó en su momento y contradijo en otra ocasión a Vivanco, se distanció de Castilla, no apoyó a Pezet a pesar de los ruegos de su padre.

En los espacios de su vida en los que Grau dejó de pertenecer a la Marina de Guerra, debido a las alteraciones de las revoluciones y golpes de estado, que le hicieron decidir su alejamiento al servicio del Estado, según la tendencia u orientación del presidente de turno. Nunca descuidó dedicarse a su verdadera vocación y profesión: la navegación. En una de esas etapas periódicas en las que sirvió en la marina mercante, y estando muy bien considerado en una compañía de buques inglesa, donde ganaba un buen sueldo como capitán de barco, designación excepcional por cuanto sólo súbditos ingleses comandaban sus barcos. Además, ya tenía el ofrecimiento de ser el futuro superintendente de la compañía, por estar considerado como “el jefe más distinguido, leal y caballeresco de la marina peruana” [32]. Sin embargo, tuvo el valor de dejar ese futuro empresarialmente promisorio, para re-engancharse al servicio de la Marina, donde no es necesario decir que la paga era muy inferior.

Grau llegó a ser el Comandante General de la Marina, dejando para la posterioridad un informe en el que examina con mucha profesionalidad la situación y perspectivas de la Marina de Guerra, antes del inicio de la Guerra con Chile.

Fue diputado electo por Paita, función que ejerció con absoluta responsabilidad, en las materias de su competencia. Dignidad que tuvo el gran valor de dejarla, para asumir el comando de su buque, el “Huáscar”, saliendo en defensa del Perú contra la invasión chilena. 

Por todo ello, es interesante destacar a Grau como modelo de ciudadano ejemplar, que asumió diversas formas de participación cívica, en las situaciones en las que el Perú se iba conformando como patria y como nación.

4.5.   ¿Cuál es la actualidad del mensaje de Grau para la Marina de Guerra del Siglo XXI?

Estimamos que hay un mensaje en ese Grau que fue capaz de adaptarse a la gran revolución que se operó en los buques de su tiempo, pasar de la navegación a vela a la navegación a vapor, con el uso de la hélice. Así como, la transformación de los navíos de guerra, que dejaron de ser de ser embarcaciones de madera, para iniciar la era de los buques acorazados.

Hoy en día, también la Defensa Nacional sufre profundas transformaciones. El enemigo que exclusivamente solía ser aquel que venía de afuera, ha sido diversificado con el enemigo de dentro, que convive entremezclado con nosotros y con los nuestros. Ya los griegos habían discernido ambas clases de enemigos, los de afuera de la muralla, y los de dentro de la Ciudad. 

Los tiempos que nos tocan vivir son de profundas novedades en la Defensa Nacional, la Revolución –esa que se escribe con erre en mayúscula-, enemiga de nuestra Patria y agresora de nuestra Nación, la tal Revolución se ejecutó durante el Siglo XX mediante tácticas militaristas, provenientes del pensamiento leninista y maoísta, y construyó modelos de golpe de estado revolucionarios, desgarró naciones enteras con guerras civiles, empleó la guerrilla y desarrolló la subversión terrorista.

Pero, con el paso al siglo XXI, la práctica revolucionaria ha migrado hacia otras formas, ya no inspiradas en Lenín ni en Mao, sino en Antonio Gramsci [33], secretario general del Partido Comunista Italiano, de quien el fraile dominico Aníbal Fosbery dice:

“El aporte de Gramsci (…) consiste en haber percibido que a la hegemonía política se llega a partir de la hegemonía cultural. Por lo tanto hay que reemplazar a la “revolución” como hecho político por la “revolución” como hecho cultural. Se trata de actuar, no sólo sobre la estructura de la sociedad -fuerzas económicas y de producción-, sino sobre la superestructura –o sea, moral, costumbres, cultura-. (…).

“… El método, que en ningún caso deberá ser violento (ya que se trata de una lucha “cultural”), se configura a partir del objetivo táctico de la infiltración ideológica (…).” 

Surge así un nuevo elemento que está determinando nuevas conformaciones en los cuatro dominios clásicos de la Defensa Nacional, este nuevo elemento es el uso revolucionario del factor Psico-Jurídico-Judicial. Obra paciente de unas novedosas organizaciones revolucionarias, no partidarias, auto-denominadas “O-ENES-GES”.

Y, sin bien aún queda pendiente en nuestro país, concluir con la derrota definitiva del terrorismo subversivo. Hay sin embargo, en forma paralela la aparición del modelo revolucionario gramsciano

Así, con el ejemplo de Grau, que supo adecuarse a los cambios de las nuevas tecnologías del arte de la navegación, y de la novedosa arquitectura naval para la guerra. Seamos estimulados para emprender las nuevas tareas para el sostenimiento de la Defensa Nacional, frente al enemigo de adentro, en sus nuevas tácticas de demolición de nuestro Ser Nacional Peruano.

5. CONCLUSIÓN

Para este Discurso de Orden, por el cual he manifestado mi personal y especialísima identificación con la Marina de Guerra del Perú, y a través de ella, con las Fuerzas Armadas del Perú; estuve meditando sobre los amigos que tengo y que son miembros de esta Institución, algunos en el retiro y otros en actividad, entre ellos hay quienes resueltamente sacrificaron la vida en la lucha contra la subversión y como víctimas de atentados terroristas. Pero, confieso que con especial estima y veneración he tenido presente en mi recuerdo a un marino que fue mi compañero de colegio, en el Maristas San Isidro, y que falleció como consecuencia de un acto con ocasión del servicio, el Capitán de Navío Hugo Otayza.

Y, no olvidarse, mis queridos jóvenes, que debemos tener siempre presente la recomendación de Riva Agüero:

“Las fechas de esta epopeya deben grabarse en la memoria de todos los peruanos. (…)

Para terminar este grave Discurso de Orden, sobre el peruano más distinguido que nos ha precedido en las virtudes patrióticas y en las virtudes cívicas, hago mías las palabras que nos dejó el ilustre historiador Jorge Basadre:

“(…) Muchas cosas cambiarán; muchas cosas deben cambiar en el Perú; pero no la gloria de Grau.”

“Cuando vivimos en medio de una crisis honda y universal en este país olvidadizo, evocar a Grau en su significado más profundo implica (…) provocar catarsis, o sea una limpieza o descarga. Sobre todo en días de honda incertidumbre colectiva, debemos recordarlo como antídoto frente a cualquier tipo de conducta desorganizada o irracional; y también como un reproche a la decadencia de la moral pública y de la moral privada.” [34]

BIBLIOGRAFÍA 

Jorge Basadre; Historia de la República del Perú 1822-1933, Sétima Edición Corregida y aumentada, Editorial Universitaria, Lima 1983; Tomo VI 1822-1933 – 16 x 24 cm.

Carlos Castro Sauritain; Carbón del Bío-Bío, Santiago de Chile, 1988 – 234 páginas – 15 x 23 cm.

Club Nacional; Coronas fúnebres en Homenaje a la Gloria del Almirante Miguel Grau; Lima, 2010 – 481 páginas – 17 x 24 cm

Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; “A la Gloria del Gran Almirante del Perú Miguel Grau”, Tercera Edición, Ministerio de Marina, julio de 1984; reproducciones fotográficas 

Diario de Bitácora del Monitor Huáscar, Al Ancla Callao 9 de abril de 1879; Reproducción del 23 de abril de 2003 para el Comandante General de la Marina de Guerra del Perú – 252 páginas – 28 x 43 cm.

Fr. Dr. Aníbal E. Fosbery O.P.; La República Ocupada, Editorial Vórtice, 3ra. Edición, 1989 – 70 páginas – 15 x 24 cm.

Enrique Gonzáles Dittoni; El Teniente Grau y la Corbeta “Unión”, Ediciones Peruanas, Lima, 4 de junio de 1961 – 111 páginas – 15 cm. x 19 cm. 

Jorge Ortiz Sotelo; Miguel Grau, Editorial Brasa S.A., 1995 – 124 páginas – 13.5 x 20.5 cm. 

José Agustín de la Puente Candamo; Miguel Grau, Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, Lima, 2003 – 573 páginas – 16 x 23 cm.

Fernando Romero Pintado; Grau: Biografía lírica - Dirección General de Intereses Marítimos, Ministerio de Marina, Lima, 1984 - 137 páginas - 17 x 22 cm 

Martín Scheuch Pool; Historia de la Iglesia en el Perú: http://orbita.starmedia.com/~martinscheuchpool/historia_de_la_iglesia/capitulo_12.htm


[1] Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, doctorando en Filosofía Política por la Universidad de Barcelona. Asociado desde 1991 a la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia. Condecorado con la “Orden Cruz Peruana al Mérito Naval”  en el Grado de Caballero, en 1995. Ha ejercido la docencia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad de Lima. Ha sido profesor ó conferencista en el Centro de Estudios Militares (hoy Nacionales) y en las Escuelas Superiores de los tres Institutos Armados y Policía Nacional. En su ejercicio profesional ha destacado por su patrocinio de la defensa judicial al personal de la Marina de Guerra del Perú, desde 1985, en las instancias judiciales del Perú e internacionales, relacionados con la guerra contra-subversiva. 

[2] Véase: Club Nacional; Coronas fúnebres en Homenaje a la Gloria del Almirante Miguel Grau; Pág. 59.

[3] Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; “A la Gloria del Gran Almirante del Perú Miguel Grau”; Pág. 181.

[4] Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Página 263.

El New York Herald (el “Heraldo” de Nueva York) fue uno de los periódicos de mayor circulación entre los años 1835 y 1924. Fundado por el escocés James Gordon Bennett, que también promovió la Associated Press, la primera agencia informativa, convocando a los directores de diversos periódicos. Durante la Guerra Civil norteamericana apoyó la causa del Sur, y era muy leído en Europa. Los tres principios periodísticos de Bennett fueron: (1) Dar noticias veraces de todos los rincones del mundo; (2) Comentar con claridad, libertad e independencia los acontecimientos del mundo, y (3) Apoyar toda empresa que eleve la razón humana y que una a todas las naciones en la civilización. A su muerte, en 1872, lo sucedió en la dirección del periódico su hijo James Gordon Bennett Jr. con quien surge la edición europea del diario, en París, en 1887, y que continúa hasta hoy como el International Herald Tribune, de propiedad del Washington Post y el New York Times.

Muchos periódicos han adoptado el nombre del “Heraldo”, en recuerdo a los mensajeros de la edad media (los heraldos) que difundían por las comarcas, a viva voz, las noticias importantes.

[5]  Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Página 263.

El periódico The Times de Londres, fundado por Jhon Walter en 1785 con el nombre de “The Daly Universal Register”, conserva su cambio de nombre desde 1788. Ha sido uno de los medios de prensa más influyentes del mundo y sin rival en Inglaterra. Considerado el periódico por excelencia del Reino Unido, que en temas internacionales ha jugado un papel fundamental en la política y en la opinión pública. En un editorial publicado en 1854 se declaró siempre independiente “y responsable no ante los ministros ni los lords sino ante el pueblo de Inglaterra”, Cónfer: “El País”, Madrid, 2 de enero de 1985. 

[6] Político e historiador chileno (1851-1936). Fue hijo, nieto y sobrino de tres presidentes de Chile. Como político asumió la ideología liberal y se inició como diputado durante la guerra (1882-1885). Ejerció cargos, por designación del gobierno de Chile, en los territorios peruanos irredentos: Fue el primer Intendente de Tarapacá (desde el 26 de febrero de 1884 hasta el 2 de octubre de 1885), como también fue Sub-Secretario de Guerra en Iquique (1891). Como historiador se focalizó en la historia militar, dedicándose a las dos guerras que en el siglo XIX mantuvo Chile contra el Perú la Guerra de la Confederación Perú-Boliviana y la Guerra del Pacífico. Su obra “La Guerra del Pacífico”, tres tomos, 2,200 páginas; la escribió entre los años 1911 a 1919. La extensión de la obra produjo en Chile su lectura reservada para eruditos y especialistas, hasta que en 1976 se editó un resumen de 250 páginas que la puso a disposición del gran público. Sus fuentes documentales reposan en las compilaciones de Benjamín Vicuña Mackenna y Pascual Ahumada Moreno.

[7] Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Página 57. 

[8] Véase: Carta de Respuesta de la Viuda de Prat a Don Miguel Grau; En: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Páginas 368 a 372.

[9]  Once años mayor que Miguel Grau, impactó con su jovial y juvenil amistad de buen profesor. Fernando Velarde, nacido en España en 1823, fue maestro y escritor influyente en diversos países de Sudamérica, época en la que supo guardar pública militancia católica. Retornó a Europa residiendo en Londres hasta su muerte, Grau lo visitó allí y mantuvo largas conversaciones con su antiguo maestro, quien al saber de su muerte heroica escribió el poema “A Grau”, en 1880; falleciendo pocos meses después. Su obra fue vasta: (1) Producción poética: “Las flores del desierto: Colección de poesías” Lima, 1848, hay una re-edición de 1982 de la Pontificia Universidad Católica; “El pabellón español y otras composiciones” 1854; “Cánticos del Nuevo Mundo”, Nueva York, 1860; “La poesía y la religión del porvenir. Cánticos del Nuevo Mundo”, Barcelona 1870; “Poesías” Londres 1871; (2) Producción de obras en prosa: “El poeta y la humanidad” Madrid, 1868; “El universo en 1870”, Barcelona, 1870; “La poesía de la montaña” Torrelavega (Cantabria, España), 1876; (3) Producción pedagógica: “Gramática de la Lengua Castellana. Métrica y Nociones de la Filosofía del Lenguaje” Lima 1851, con re-ediciones en Lima y luego en Quito 1855, Nueva York 1861 [fue la sexta edición, y en Guatemala 1875; “Nuevo Curso de Retórica” tres ediciones; “Compendio de Aritmética” tres ediciones; “Sinopsis de filosofía” San Salvador 1872; “Geografía moderna y nociones de cronología” Guatemala 1857 y la tercera edición fue con el título “Compendio de Geografía Universal y Nociones de Cronología” en Nueva York. En Lima, fue co-director del colegio donde estudió Grau, dirigió la revista literaria “Talismán”, escribió en el diario El Comercio, y perteneció al grupo de los escritores y poetas del romanticismo (que fue la reacción contra el racionalismo y la ilustración liberal, corriente liderada por Chateaubriand que cultivaba el retorno a los valores medioevales, aunque también se cultivaron tendencias extremas y exageradas, así como díscolas y liberales), en el Perú el romanticismo fue de Fernando Velarde junto con Ricardo Palma, Arnaldo Márquez, Nicolás Corpancho, Clemente Althaus y Benjamín Cisneros, entre otros. Fernando Velarde se casó con una sobrina del presidente José Balta (que gobernó de 1868 a 1872, muriendo asesinado en la revolución de los hermanos Gutiérrez).

Los versos transcritos corresponden a las estrofas 3°, 4°, 8°, 15° y 16°, 20°, 23° a 25°, que es la última estrofa del poema.-

Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Páginas 72 a 74. 

[10] Véase: José Agustín de la Puente Candamo; Miguel Grau; Pág. 388. 

[11] Véase: Jorge Ortiz Sotelo; Miguel Grau; Págs. 110 a 121. 

[12] Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Página 340.

[13] Véase: Club Nacional; Obra citada; Pág. 58.

[14] Véase: José Agustín de la Puente Candamo; Obra citada; Págs. 294 y 295. 

[15] Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Páginas 138 a 142. 

[16] José de la Riva Agüero y Osma (1885-1944), uno de los más señalados pensadores católicos de la primera mitad del siglo XX. De él se ha dicho que tuvo la virtud de decir siempre la verdad, lo que en el Perú es un delito inexpiable. 

Es interesante destacar que Miguel Grau nació en fechas relacionadas con las fiestas patrias de la Nación, y la fecha de su muerte coincide con las celebraciones fundacionales de la Marina de Guerra republicana.

Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Páginas 169 a 178. 

[17] Véase: José Agustín de la Puente Candamo; Obra citada; Pág. 431. 

[18] Véase: “Oración Fúnebre Pronunciada en la Santa Iglesia Catedral de Lima por Monseñor José Antonio Roca y Boloña, al oficiarse las exequias fúnebres de los mártires del “Huáscar”. En: Club Nacional; Obra citada; Págs. 125 y 126. 

[19] Véase: Oración Fúnebre Pronunciada en la Santa Iglesia Catedral de Cochabamba, por el Obispo de la Diócesis, Francisco María del Granado, el día 8 de noviembre de 1879. En: Club Nacional; Obra citada; Págs. 136.

[20] Véase: Comisión Cultural del Centro Naval del Perú; Obra citada; Página 172. 

[21] Véase: Fernando Romero Pintado; Grau: Biografía lírica; Pág. 115. 

[22] Véase: Fernando Romero Pintado; Obra citada; Pág. 25. 

[23] Véase: Fernando Romero Pintado; Obra citada; Págs. 26 y 27.

[24] Véase: Fernando Romero Pintado; Obra citada; Pág. 26.

[25] Véase: Fernando Romero Pintado; Obra citada; Págs. 27 y 28.

[26] Véase: Fernando Romero Pintado; Obra citada; Pág. 35.

[27] Véase: Fernando Romero Pintado; Obra citada; Pág. 55.

[28] Véase: Martín Scheuch Pool; Historia de la Iglesia en el Perú: http://orbita.starmedia.com/~martinscheuchpool/historia_de_la_iglesia/capitulo_12.htm 

[29] Véase: Jorge Basadre; Historia de la República del Perú 1822-1933; Pág. 89.

[30] En el antiguo séquito pontificio, era un título honorífico de distinción benemérita que otorgaba el Papa a los clérigos

[31] Véase: José Agustín de la Puente Candamo; Obra citada; Pág. 313.

[32] Véase: Fernando Romero Pintado; Obra citada; Pág. 51. 

[33] Véase: Fr. Dr. Aníbal E. Fosbery O.P.; La República Ocupada; Págs. 18 y 19.

[34]  Véase: Jorge Basadre; Obra citada; Pág. 98.

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