
Yukio Hatoyama, líder del Partido Demócrata Japones
Toda la presente década se ha hablado del despegue, del crecimiento económico y de la esperanza del chorreo. Nos llegó la debacle de la economía occidental y las esperanzas se esfumaron en el largo sueño. Los desempleados norteamericanos van a sus casas a recibir temporalmente un cheque, mientras que los peruanos van a la desesperación y al refugio de la informalidad y ventas ambulatorias revestidas de caridad.
Miles de jóvenes y adultos desocupados e informales suben a los vehículos de transporte público solicitando la limosna a cambio del anto o de la aparente venta de caramelos o la explicación y los lamentos de su desgracia sean por enfermedad, por abandono o por que recientemente salieron de las cárceles. Hay ingenios para pedir la limosna y solicitar la caridad.
Que grande es nuestra desdicha: Un país tan rico, con tanto potencial energético, con tantos minerales, con ubérrimas riquezas en nuestro mar, costa, sierra, selva; y tan distraídos gobernantes que solo piensan en seguir aplicando la esencia del entreguismo de la Constitución Política de 1993.
Las transnacionales y los capitales extranjeros tienen sus propios intereses que no son los del pueblo peruano de vivir con dignidad y bienestar.
Donde están y como han favorecido a los peruanos, estos frondosos y jugosos ingresos de las transnacionales y sus mayordomos, como consecuencia del crecimiento económico sostenido de estos últimos 10 años.
Desde la década de los 90 del siglo pasado, hasta la presente primera década siglo XXI, los medios de comunicación insistentemente vienen repitiendo que la inversión extrajera y las privatizaciones de las empresas públicas y de nuestros recursos naturales, son expresiones tangibles de progreso, modernidad y prosperidad. Hasta hoy se continúa con el mismo mensaje, siendo los resultados los mismos de siempre.
Es tiempo de interactuar y cambiar nuestro modo de concebir los problemas nacionales que nos aquejan, para mirar con mayor esperanza el futuro del Perú.
El progreso se ve en cifras, en las estadísticas, pero no se siente en la vida cotidiana. El crecimiento es básicamente extractivo y enmarcado en el libre mercado y en los capitales abiertos al mundo y dentro de una democracia cada vez mas disminuida.
Frente a estos hechos, hoy se precisa de una nueva política de democracia participativa y protagónica donde los ciudadanos puedan desenvolverse con nuevas perspectivas, nuevas orientaciones, nuevos valores, nuevos sentidos y horizontes.
El empobrecimiento y la caída constante del poder adquisitivo de las familias son expresiones patéticas de cómo funciona la ética del mercado libre y la denominada democracia del neoliberalismo y la globalización.
Según el BID vivimos la paradoja del crecimiento desdichado, desfase entre las expectativas del crecimiento y el aumento de las desigualdades. Los capitales extranjeros se llevan casi toda la torta y al pueblo le dejan el chorreo.
Necesitamos nuevos paradigmas orientadores del intercambio entre los seres humanos, las instituciones y la misma naturaleza. Este es un reto no solo a nivel local sino global por que hoy lo que esta amenazada es la humanidad y nadie podrá salvarse de manera aislada.
Japón: una lección de respeto al pueblo
Recientemente Japón ha dado un ejemplo de cambio y una lección para los neoliberalistas y capitalistas a ultranza, que son más papista que el Papa. Los resueltos y tercos conservadores han recibido una concienzuda lección.
Para los políticos japoneses el crecimiento y la crisis se enfrenta respetando las economías populares, primero miran hacia dentro, miran los intereses y necesidades de la población sin descuidar su economía externa. Estas son una de las razones por el que la derecha japonesa ha recibido un duro revés. El Partido Liberal del Japón ha sufrido una dura derrota electoral en estas últimas elecciones.
La reciente victoria del Partido Demócrata del Japón ?PDJ- integrados por ex liberales, social demócratas, ex sindicalistas y ecologistas liderados por YuKio Hatoyama de prosapia familiar y política de la alta burguesía industrial japonesa, significa que nuevos vientos empiezan a soplar en la economía mundial. Hatoyama se separo del Partido Liberal del Japón-PL J ? por considerar que su conservadurismo, dañaba al Japón, puesto que agrandaba la brecha entre pobres y ricos.
Hatoyama enmienda la plana a los partidos derechistas del tercer mundo, prometiendo a los japoneses priorizar el mercado interno en desmedro de la dirección exportadora del país. Él ha dicho:"Daremos importancia al crecimiento económico, pero antes que nada tenemos que aumentar los ingresos de los individuos".
Ha propuesto la gratuidad de la educación hasta el nivel universitario, la reducción de impuestos a las pequeñas empresas y sueldo mínimo para los agricultores. Esto no es populismo simplemente crecimiento con ausencia de desdicha.
Es preciso reconocer el rol del voto femenino conquistado por Hatoyama que al referirse a su esposa Miyuki dijo: "es mi sol que siempre brilla"
Esta lección para los pueblos del mundo, fomenta y compromete seguir insistiendo en una nueva democracia dándole un rol protagónico a la voluntad política ciudadana, a regular mejor los mercados, mayor actividad deliberativa en torno a definición de las normas de justicia y de bien común que pueda ordenar nuestra convivencia e intercambios. Alentar debates públicos en torno a temas trascendentes como salud, educación, trabajo, vivienda, seguridad ciudadana y otros de interés fundamental para la vida y armonía de la nación.
Hasta cuando seguir con la política de la ceguera y del avestruz. Decía Paulo Freire "En el conflicto entre el poderoso y el desposeído el no intervenir no significa ser neutral sino ponerse del lado del poderoso".