
Daniel Craig, el actor que encarna a James Bond en las películas, ha dicho que “ya es hora de ver a un 007 de raza negra”. Por qué lo dice, habría que investigar, pero el asunto es que me da pica que porque Obama ha ganado las elecciones en Estado Unidos ahora todo lo quieren pintar de negro. Por ahora James Bond es el punto.
Hasta han lanzado propuestas de actores, entre ellos Will Smith y Jamie Foxx; y un rapero conocido como Puff Daddy (Diddy en los States) se ha lanzado él solito pero no le hacen caso. Figuretis hay en todo lado. Lo que no se han dado cuenta es que por más que quieran esos tres candidatos están de arranque descalificados simplemente porque James Bond tiene que ser británico. Así que no se hagan ilusiones, chicos.
Pero, ¿y si atracan que el nuevo Bond sea negro y encima extranjero? En ese caso, ¿por qué tiene que ser negro? Digo yo, ¿acaso no hay otras razas y/o comunidades igualmente oprimidas y discriminadas que merecen ser consideradas?
Así las cosas, el famoso espía podría también ser peruano. Imagínense a este “Bon” en un cocktail de gala en un castillo de algún país inimaginable de Europa donde todos los invitados lo quieren ver muerto porque les quitó la chica para después dejarla tirando cintura, o porque son parte de una organización delictiva recontrasecreta que sólo 007 conoce y va a desbaratar él solito, o porque le envidian su reloj Rolex; pero frescazo el pata se pasea por el salón, vestido a lo ficho: terno Adams, camisa Caman y corbata D´Ocram; las tabas son hechas a medida en Gamarra.
Y encima le quiere sacar plan a la esposa del malévolo dueño de la fiesta, que es un cuero de infarto. Imagínense el diálogo matador de “nuestro” 007 y el cuerito al que se le salen los ojos, y otras cosas del vestido escotadazo: “Jelóu, mái néi is bon, yéi bon.” Y luego pide su trago tradicional: “Un Martini, plís, estír no chéik”. ¡Lo máximo! (Este espía ha estudiado el curso de inglés completo con sus CDs y clases de una hora semanal de algún instituto pelagatos que cobra miles de lucas gringas). La música de Jaime Cuadra levita alrededor de la pareja. Entonces, la chica atraca, porque en realidad no es que le guste el espía sino que ella lo va a traicionar y “Bon” no sabe. Salen de la fiesta y se suben en el Tico de lujo de “nuestro” héroe. Se van con destino desconocido pero que todos sabemos donde es.
¡Así debería ser la nueva película de James Bond! ¿Qué 007 negro ni qué ocho cuartos! Un peruano al servicio de la reina, eso es lo que queremos, pero la verdad es mala, se ensaña con nosotros los cobrizos (de piel y corazón) que tanto gustan al presidente García (guarda ahí) y nos revela sin mucho aspaviento que James Bond seguirá siendo británico. ¡No vale! Si hasta ya teníamos al actor ideal para encarnarlo. Ahí está por ejemplo Carlos Alcántara, espléndido para el papel ya que es multifacético: un momento es viejito mañosón, luego es lúpulo cachoso, después es bailarín que no quiere bailar, antes era un vengador experto en artes marciales, también ha sido machista pedorriento.
En fin, Alcántara es ideal para la chamba, pero lo que se me ocurre es que no va a querer. Va a arrochar (con “o”) a los productores y nos vamos a quedar sin 007 peruano. A ver, que Guisela haga un reality para encontrar al Bond de sabor nacional.