
El Parque de los Proceres en Lima
EL LEGADO DE LOS HEROES y PROCERES DE LA PATRIA
Todos los que compartimos como patria el Perú, nos encontramos vinculados y obligados igualmente, por una herencia de esfuerzos, de sacrificios y de sangre derramada. Aludimos al ejemplo, a la vida, las ideas y las acciones, de las personas que lucharon y que inmolaron incluso su existencia, por el Perú.
La relación de los próceres y de los mártires, que combatieron por la consecución de la patria peruana, es vasta y enaltece a nuestro país. Solamente a modo de ejemplo, recordaremos a algunos de ellos.
Nuestra memoria y compromiso, se nutre en primer lugar, de hombres como JOSE GABRIEL CONDORCANQUI - TUPAC AMARU II. En Túpac Amaru II, hay toda una visión o idea del Perú: éste no se encuentra conformado ya solamente por los indios, ni por los españoles ni por los mestizos; el Perú está conformado por todos los que somos connacionales, por los que hemos nacido en este territorio y estamos dispuestos a defenderlo. Este planteamiento se expresa claramente en los bandos y proclamas tupacamaristas, que fueron muchos, y que se publicaron y se dieron a conocer a la población, entre 1780 a 1783, a lo largo de la guerra que encabezó la familia Túpac Amaru contra el régimen colonial[1]. En el ideario de TUPAC AMARU II hay un proyecto nacional claro y contundente, lo notable es que TUPAC AMARU plantea el liderazgo de la nación indígena en ese proyecto, sobre los demás componentes étnicos de la población; pero sin excluir a nadie, pues el caudillo invita a los criollos, a los españoles americanos e invita a los afroamericanos, a formar parte de la empresa nacional que él se siente llamado a comandar como descendiente de los Incas.
Seguidamente, debemos referirnos al pensamiento de los próceres, de los pensadores y fundadores de la patria republicana: criollos, hijos de españoles, entre los cuales tenemos por ejemplo a JUAN PABLO VIZCARDO y GUZMAN, jesuita arequipeño que escribe su famosa CARTA A LOS ESPAÑOLES AMERICANOS, en la cual lanza una frase que trasunta hasta nuestros días, como lema de identidad, a todos los que han venido a nacer y compartir los problemas de esta patria que es el Perú; pues en efecto, VIZCARDO dice: “EL NUEVO MUNDO ES NUESTRA PATRIA, SU HISTORIA ES LA NUESTRA”[2]; frase que significa: que el criollo, al echar raíces en estas tierras, se desvincula de la historia y del destino de la madre patria de sus antepasados y construye su propia historia en esta nueva patria que ha forjado, lo cual implica que asume también todo el legado histórico del nuevo mundo, vale decir el de las civilizaciones que hubo antes de la invasión y conquista española, junto al devenir de su propia estirpe al irrumpir y ser transplantada en suelo americano, creando su propia historia. La patria que Vizcardo asume y defiende, es pues el Perú, con toda su historia y sus legados; ¡qué inmenso mensaje! (Tal noción fue posteriormente desarrollada por hombres como Victor Andrés Beláunde y José de la Riva Agüero)
Igualmente nos cohesionan, los GRANDES HEROES de la patria, pues todos ellos, son íconos, es decir símbolos sacros de la peruanidad o de sus antecedentes, con sus múltiples herencias étnicas y culturales. Citemos, solo por decir algunos nombres, a: Mateo Pumacahua, los hermanos Angulo, Francisco de Zela, María Parado de Bellido, Andrés Rázuri, José Olaya, MIGUEL GRAU SEMINARIO, FRANCISCO BOLOGNESI, el gran MARISCAL ANDRES AVELINO CACERES, JOSE ABELARDO QUIÑONES y un gran etcétera. Su vida, entregada de una u otra forma, al ideal de la patria peruana, nos vincula y nos obliga, como sucesores suyos en este territorio.
[1] Sobre esto, una relación y análisis de cada bando, edicto y proclama de la familia Túpac Amaru de Tinta y de sus capitanes, en: ORTIZ NISHIHARA, Mario Humberto: PODER, LEGALIDAD y JUSTICIA en la REVOLUCIÓN DE TÚPAC AMARU II; TESIS para optar el Título de Abogado - PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU, 2 tomos, 1993. ( Biblioteca PUCP)
[2] ARRIOLA GRANDE, Mauricio: DICCIONARIO LITERARIO DEL PERU, Comercial y Artes Gráficas, Barcelona, 1968, pp. 534.