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Miércoles 16 de septiembre 2009

La broma

Una forma de pasar el tiempo sin aburrirse.
Miércoles 16 de septiembre 2009
La broma

En esa época se nos ocurrían unas cosas de lo más disparatadas, tan grandazos, nos decían las chicas antes de desistir de aguantar las risas. ¿Quién tendría la idea? Alguien sin nada mejor que hacer, de seguro. Ya habíamos sufrido la misma broma todos, algunos en más de una oportunidad. Y no era nada gracioso andar por los pasillos con el cartelito pegado en la espalda (como lo hizo por media hora el Chato Arriola) pidiendo al primero que pasara por su lado que lo pateara. Kick me in the ass! Rogaba tranquilamente. Nadie lo hizo: al fin y al cabo se entendía que era un juego. Y qué me dicen del gordito Lalo, que “decidió” salir del closet, sin más ni más: Soy gay, se lucía en grandes letras manuscritas sobre una hoja de cuaderno pegada a su espalda por algún prospecto de ladrón de micro. ¡Qué fineza! ¡Qué habilidad diabólica! ¡Qué ganas de joder!Sebas era el que más circunspecto se ponía cuando la víctima pasaba luciendo la frase escogida: ni se le notaba que estaba gozando como chancho, serio, cara de palo ponía. Pero el Gordo Pajares sí que no aguantaba la risa y malograba todo: la víctima se daba cuenta y de inmediato se quitaba el cartel e iniciaba las pesquisas inútiles. Qué bien la pasábamos.Pero cada vez era más difícil encontrar incautos: todos conocían el chiste: caminaban con la espalda pegada a la pared, ojos en la nuca, volteando a cada rato, atentos a cualquier movimiento fuera de lo común de las manos, los ojos buscones, las sonrisas escondidas en las comisuras de los labios, los bordes de los ojos. Ya no era gracioso jugar entre nosotros, por eso se necesitaba buscar otro nivel, más arriesgado, más atrevido, más lleno de adrenalina.Entonces, un buen día, Pedro vino con la solución a nuestra modorra, el aburrimiento de las monótonas clases, exámenes, tareas, clases, más tarea y otra vez exámenes. Sonreía mostrando sus dientazos medio amarillentos, se le veía en la cara que algo nos iba a proponer, sus ojos bailaban como mosca juguetona. Con un  movimiento circular de la mano nos convocó a una mesa, dejó sus libros parsimoniosamente: ¿ya vieron al nuevo director? Nos miramos, adivinando a qué iba la pregunta, el gringo ese que ha llegado, Mr. Brown, ¿lo habíamos visto? Claro que sí, el Chato Arriola sacaba la punta de la lengua como una serpiente, mordiéndosela suavemente, ¿quién no? Asentimos unánimemente, en nuestras cabezas la imagen de Mr. Brown con un cartelito que rezara Kick me hard o I´m gay o Slap me empezaba a formarse con emoción. ¡Tú estás loco! Le grité sin poder contener la risa, agitando una mano frente a su chispeante mirada. ¿Loco? Miró alrededor, bajó la voz, ¿loco por buscar nuevas variantes a un juego que ya estaba por morir? Pedro pensaba que era más bien un genio, que le debían agradecer la creatividad. Al que no le gustara la idea que lo dijera ya, se paró frente a nuestras dudosas expresiones, así sabríamos quién era el maricón, un cartelito permanente le pegaríamos. Nos miramos de nuevo, la broma nos había prodigado varias horas de carcajadas y, la verdad, Mr. Brown pedía a gritos que se la hicieran, ¿habían visto su cara de distraído? Sebas movía la cabeza, se rascaba la barbilla; sí, y su andar apurado y su manía por estar en todo lado, el Chato Arriola nos señalaba con el índice; y Pajares sí, tiene cara de víctima; y Lalo ¿y si nos agarran? Todo el mundo sabía quiénes eran los bromistas de los carteles, no iba a faltar quien quisiera quedar bien con el gringo nuevo: a esos los tenemos que “arreglar” antes de actuar, sentenció Pedro, sabiendo que el plan, su plan, estaba en marcha, además nos íbamos a vacilar como chanchos, ¿o no? Estuvimos de acuerdo, pero aún quedaba lo más delicado, lo más importante, si se quiere. Los miré a cada uno a los ojos, escrutando sus intenciones, no fuera que al final de cuentas se echaran atrás: ¿y quién le va a pegar el cartelito? Hubo un silencio tenso, nadie se atrevía a ofrecerse. Era demasiado arriesgado. Una cosa era hacernos el chiste entre nosotros, pero otra era joder al director. El Chato Arriola propuso al dueño de la idea: Pedro, tú mismo eres, le espetó sin compasión, librándose de la candidatura natural que ostentaba pues él era el más veloz y sigiloso, tenía el toque más suave, nunca lo habían descubierto poniendo papelitos; en cambio a mí y a Sebas sí; nosotros estábamos descartados. Claro, se apuró Pajares, tú mismo eres, Pedro. Mostramos nuestro acuerdo aplaudiendo y palmeándole la espalda, felicitándolo por haber sido elegido para tan importante misión, iba a entrar en la historia, sin duda. Pedro quiso defenderse pero ya no podía: a entrenar esa mano, Pedrito. Decidimos que la leyenda sería: I´m gay, so what y nos preparamos para presenciar el heroísmo.Pedro llevaba el papel listo, cuando veía al director acercarse saludando Good morning, good morning sus músculos se ponían tensos, apretaba los labios, un leve sudor empezaba a brotar en su frente y nosotros vigilábamos ocultando los ojos tras libros o diccionarios. Como nunca se daba el momento propicio, tuvimos que intervenir distrayendo a Mr. Brown con preguntas tontas, Hey Mr. Brown, how do you say “bache” in English? A las que él respondía no sin antes rascarse la barbilla, mirar al techo por largo rato, arquear los labios, hasta pensábamos que no entendía bien la pregunta pero no era eso, hablaba bien el español, venía de haber estado en Paraguay por varios años, así era su temperamento: lento, cuidadoso, parco.Hasta que en una de esas, Pedro vio la oportunidad, se acercó por detrás de Mr. Brown como queriendo tomar parte de la discusión sobre el uso del apóstrofe en los posesivos; yo estaba justo frente a la víctima, de modo que podía ver el acercamiento de Pedro directamente. Su cara no mostraba, ninguna emoción, ¿cómo lograba ser tan frío? Se le veía concentrado, enfocado en la tarea histórica que él mismo había inventado. Vi entonces su mano alzarse lentamente, el cartelito flameando ligeramente contra su mano, en eso sacó la punta de la lengua por un costado de la boca, se lamió el labio superior y supe allí mismo que no iba a poder pegarlo, que lo iban a descubrir. Cerré los ojos para no ser testigo del descalabro. Nuestro descalabro. El corazón me latía atropelladamente, el sudor me resbalaba por las sienes, las palmas de mis manos también estaban húmedas. No sé cuánto tiempo pasó, pero mi angustia terminó cuando escuché que el Chato Arriola le agradecía al director Thanks, Mr. Brown y el gringo se iba tranquilo Any time, any time. Abrí los ojos y vi la espalda del director alejarse, limpia de leyendas graciosas. A mi lado, el Gordo Pajares le increpaba a Pedro su lentitud, su fracaso, su falta de agallas, lo había tenido servidito, ¿qué pasó? Pedro movía la cabeza negativamente sin saber cómo explicar la frustración. Nos encogimos de hombros: para la próxima sería. No, Pedro, lanzó el cartel arrugado sobre la mesa, él ya no se hacía cargo, era muy arriesgado. ¿Quién agarraba esa flor? Nadie. Suspiramos, nos miramos. Sebas vio su reloj: tengo clase, se levantó, agarró sus libros, sacó su registro del casillero, revisó la tiza y salió, los otros lo siguieron apurados también, nos van a descontar por andar haciendo tonterías, se lamentó Lalo.Yo me quedé sentado y pensativo. No tenía clases, solo tareas que corregir.

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