
No parece fortuito que los comandantes generales saliente y entrante del Ejército peruano se dirigieran a los invitados a la ceremonia de relevo del viernes 5, dando la espalda a los periodistas que cubrían dicho certamen. Sus respectivas alocuciones –aunque en diferentes tonos y grados de puntualización– mostraron un ánimo de fastidio por la manera como se tratan ciertos asuntos castrenses en los medios periodísticos del país. El general Edwin Donayre fue más explícito al rechazar lo que consideró un agravio a su honor por parte de alguna prensa, refiriéndose sin duda a las acusaciones relativas al mal uso de la gasolina asignada a su arma. El general Otto Guibovich, en cambio, abrió un espacio de reflexión en torno a las imputaciones que recaen sobre los miembros de las Fuerzas Armadas por violación a los derechos humanos, destacando que no se valoran adecuadamente las condiciones psicológicas en las cuales los soldados van a combatir al enemigo. Se trata de dos esferas distintas en el accionar público de los uniformados. La observancia de la gestión administrativa dentro del Ejército es igual a la de cualquier entidad estatal que responde ante los órganos de control por la utilización de sus recursos. Si ella determina indicio de responsabilidades y el tema pasa a manos del ámbito judicial, la prensa no resulta siendo el factor detonante. Recordemos que las reiteradas negativas del general Donayre a comparecer ante el juzgado apretaron más bien el gatillo de la notoriedad sobre el caso en el cual está involucrado. Lo concerniente a los DD HH sí revela el atasco de ciertos periodistas (varios de ellos ligados a ONG de antigua factura anticastrense) en la apreciación maniquea de la conducta militar contra el terrorismo nativo, la misma que no ayuda para nada al verdadero esclarecimiento de tantas muertes y desapariciones. Mientras esa prensa goce del arrullo fariseo de quienes vienen minando la moral de las FF AA hace cerca de 30 años en su lucha desigual contra la subversión –y sobre la que una recopilación de informaciones periodísticas de los 80 dará cuenta muy pronto– poco se avanzará en ese terreno. El Ejército y la prensa en su conjunto deben retomar la búsqueda de una dinámica de entendimiento que sin rendir las funciones fiscalizadoras de ésta última, ubique los elementos todavía ausentes en la comprensión de la vida y las perspectivas de un compatriota militar.