
A título personal, reconozco que soy algo ingenuo y hasta crédulo. Me sorprenden muchas cosas y no los años no parecen hacerme más sabio. Quizás si acaso algo mas dado a la desconfianza. Una situación en particular me suele desconcertar un poco. Cualquier persona que haya alguna pasado por algún tipo de militancia política sabe que entre los integrantes de un partido existe, al compartir una visión y unos anhelos comunes un cierto tipo de hermandad y de relación que en algunos casos puede igualar o superar los vínculos de sangre.
Curtidos por los años compartidos, las experiencias y las luchas asumidas dentro o fuera de la organización, los militantes a lo largo de las etapas de su vida comparten un espacio y unos hábitos que necesariamente les llevan a desarrollar un cierto tipo de espíritu de cuerpo. El profano en estos aspectos, no lo sabe. No tiene porque saberlo y hasta lo escandaliza el asumir esta posibilidad. Pero también la vive sea en su gremio profesional, entre los amigos del barrio, sus compañeros de promoción, el club o sus amigos del fulbito de los sábados. El ser humano es próximo al instinto gregario, a construirse grupos de referencia. Incluso en el vértigo de la globalización, esa necesidad pervive. Llama por tanto la atención, con que ciertos políticos descalifican casi con ira santa al compañero hallado en malas andanzas, llama la atención particularmente cuando esos mismos políticos han callado en cien idiomas o han mandado a callar a los que les cuestionaban cuando defendían a rajatabla nombramientos a todas luces rechazados por amplios sectores de la sociedad. Y llama más la atención cuando los perseguidos, los rechazados desaparecen misteriosamente como si la tierra los hubiera tragado, solo reaparecen por propia voluntad y hasta en taxi burlando los mil y un cercos de las fuerzas del orden. Existen numerosas razones para desconfiar de los políticos de este gobierno. Recientemente la revista Dedomedio en su número 15 publico una lista de 11 escándalos, desde el caso de los patrulleros hasta la venta de predios de terreno público en Chosica al Club Regatas Lima en 1 sol y veinte céntimos el metro cuadrado cuando el precio de mercado podría llegar fácilmente a los cien dólares. Pasando claro por caso emblemáticos como el de Tula Benites, la repartición de créditos y becas en el INABEC o el archí famoso faenon. Todos y cada uno abren la puerta a la necesidad, me equivoco, la urgencia plantear mayores niveles de vigilancia al poder vigente. Pero aun mas sorprende lo poco que ha cambiado el partido de gobierno en todos los años alejado del poder. En lo referente al manejo del aparato público, podemos decir lo mismo que alguien dijo de la nobleza vuelta en la restauración francesa, no han aprendido nada, no han olvidado nada. Si nos viéramos obligados a comparar el pasado régimen toledista con el actual régimen aprista, podemos decir que la actitud ciertamente frívola de quien elevo los gastos administrativos del despacho presidencial hasta los niveles del jolgorio y la fanfarria, opaco lamentablemente los aciertos de su gestión. Bastaría la aceptación toledana del error para disiparlo. En la administración actual por el contrario la sobriedad del primer mandatario y sus rápidos reflejos enmascaran gran parte de la inacción actual. No basta una disculpa en este caso. El actual presidente es un político profesional a tiempo completo, el APRA una de las instituciones partidarias mas solidas y respetadas del sistema político continental. En contraste Perú posible es aun un proyecto en formación, Alejandro Toledo era un inexperto. Queda vigente en todo caso el derecho a la sospecha. Cualquier cosa que el gobierno y sus representantes digan o hagan; puede y debe ser evaluado todas las veces que sea necesario.