
Sin duda más de uno recuerda el clásico poema de Barnard, aquel que dice más o menos así; si piensas que estas vencido, lo estarás, si crees que puedes, podrás…. Últimamente me viene mucho a la memoria. En especial cada vez que escucho a nuestro presidente de la República Dr Alan García Pérez hablar sobre sus opiniones con respecto al desarrollo de la crisis económica actual y su desarrollo en el Perú.
El presidente ha pasado desde una negación absoluta de la magnitud de la crisis y su esperado impacto entre nosotros, a la venta de garaje de los bienes nacionales, claro algunos merecen venderse o darles algún tipo de uso, un parque en el pentagonito (que nombrecito para huachafo y ridículo) le vendría bien a nuestro asfixiada y querida Lima. Y en medio de esto destaca una clara visión voluntarista del manejo de la crisis exhortando a los empresarios para invertir en medio del tumulto de la crisis y no dejarse arrastrar por los presagios de desastre ¿Es viable esta opción? ¿Podemos sortear el vendaval de la crisis amparados en las buenas intenciones como cree el presidente de todos los peruanos?
Para empezar a primera vista es obvio que nuestro primer mandatario hace caso omiso de inquietudes como las de Paul Krugman, quien sostiene que se trata de un periodo de larga duración y que podría significar una década perdida para la economía; a escala global. A favor de la tesis presidencial abonan las innumerables pruebas realizadas por los autores de miles y miles de libros de autoayuda y marketing empresarial. El basamento de esta tesis, se halla en lo en ciencias sociales se conoce como profecías auto-cumplidas. Lo explico, si usted cree que va a morir mañana por la mañana, entonces podría proceder a realizar todo tipo de acciones temerarias y estúpidas que muy posiblemente pongan cabal cumplimiento a su creencia. Trasladado al terreno de la economía un ejemplo podría ser el siguiente: pepito es un honesto y esforzado trabajador que realiza su faena 8 horas al día y recibe su justa paga (que como estamos en el Perú de AGP tan justa no puede ser) preocupado por las noticias de la crisis internacional, pepito decide reducir sus gastos y empezar a ahorrar. La noble intención de pepito multiplicada por varios miles y millones de juanitos, luisitos, marianitas, y n+...nos lleva directamente a la disminución del consumo de digamos, camisas chinas. Como los chinos ya no venden suficientes camisas, empiezan a dejar de comprar algodón y curiosamente también espárragos (les dije que pepito trabaja para una fábrica de fertilizantes) y por tanto la empresa donde trabaja pepito se ve obligada a reducir personal. Chao pepito. La profecía de pepito está cumplida, para su mal y con la colaboración entusiasta de pepin y sus nobles esfuerzos por ahorrar más. Ósea fue derechito a la trampa de las expectativas.
Ahora bien parece que la iniciativa presidencial se empeña en darle vuelta a esta perspectiva. Me explico, el equipo anti-crisis de palacio debe suponer que si todos salimos a vaciar nuestras billeteras aprovechando las de paso las ofertas navideñas, entonces por arte de abracadabra se acabo la crisis. Por favor pásenle la receta a Obama.