
Me resistí a la tentación de reemplazar los signos de interrogación del título por un par de delgados y asombrados signos de admiración. Me incliné, finalmente, a dar por supuesto que tendría que sustentar la respuesta a la interrogante.No hace mucho, una pequeña escalada de acontecimientos, aparentemente aislados, pellizcaron la opinión pública recordándoles que existía un canal estatal. Se maltrató a una periodista del noticiero Confirmado al invitarla a retirarse de la PCM por haber hecho un par de preguntas incómodas sobre el nombramiento del señor Arana (la periodista, con ejemplar dignidad, renunció al día siguiente); se despidió del ejercicio de su función a la productora del programa Hola Perú, por habérsele encontrado culpable, sin derecho a réplica y como producto de chismes, de haber enviado un anónimo a la prensa, y finalmente ante una solicitud de economía para efectuar reducciones presupuestales se decidió darle un ultimátum al equipo de producción del programa de Cecilia Barraza para desarrollar un nuevo programa grabado y compuesto por actuaciones pasadas.Estos tres hechos configuran el pico del iceberg sobre el que descansa la lamentable historia del canal 7 en los últimos dos años.En el período anterior, durante más de cuatro años, en los que me tocó cumplir el honroso papel de responsable de la pantalla de TNP, el canal del Estado sufrió un importante cambio cualitativo, dejó de ser un canal apéndice del gobierno, vocero y caja de resonancia de sus campañas, en un canal de servicio público donde con gran decoro y rigidez se cumplió con una política de austeridad pero también de apertura hacia todas las expresiones culturales del país y de importantes avances respecto de la imparcialidad con que se manejó frente a un Gobierno que respetó estos intentos de independencia, con desagrado a veces pero con aceptación democrática las más de las ocasiones. Durante ese período no se contrató a ningún militante de Perú Posible por el mérito de serlo y se restringió con un altísimo porcentaje de éxito, la aparición del presidente a un horario diario preestablecido o a la divulgación periodística de sus actos oficiales en los noticieros.Hoy, en cambio, fieles a una concepción convencional de lo que es el canal del Estado, que parece demostrar que no estuvieron entre los televidentes que apreciaron dicho cambio en los primeros años del siglo XXI, se ha privilegiado la contratación de nuevo personal (que ha duplicado el monto que se paga a personal, sea de planillas o contratados) sin que esto tenga su equivalencia en la producción de programas, lo que explica la presión para cerrar programas de producción en vivo para que de esa manera, con repeticiones, se pueda jugar con el presupuesto. Pero seguir al Presidente con un equipo de producción y transmisión en vivo permanente impide reducciones drásticas, es por ello que, aunque la presión del ambiente cultural peruano logre algunas postergaciones, será poco menos que imposible lograr un mínimo grado de austeridad.Debe quedar claro que un gobierno electo tiene el derecho de formular y poner en práctica sus concepciones ideológicas en sus actos gubernamentales. No deja de ser una lástima, sin embargo, que lo avanzado por el pueblo peruano al adoptar al IRTP como un canal de significativa preferencia a nivel nacional, no haya logrado cambiar o morigerar las concepciones del partido de gobierno, como si ha ocurrido en otros campos, como el económico, permitiendo una profundización histórica de la democratización del canal de servicio público que es TNP (o Tv Perú, como ahora es llamado).El autoritarismo es una característica del presente régimen, la autosuficiencia, es otra. La combinación de ambas y el descontrol propio de un partido tan numeroso puede y empieza a tener consecuencias muy peligrosas. Un medio de comunicación como el canal del Estado es una excelente ventana para apreciar esta dinámica autodestructiva que esperamos, pueda ser revertida.Desde esta humilde columna permítanme hacer un llamado para lograr el público debate del carácter de la televisión pública. Es altamente probable que los protagonistas no seamos nosotros. Démosle la posta a otros planteamientos pero mientras, conservemos inalterables los logros que el pueblo peruano permitió en la televisión pública durante la anterior administración.