
En Octubre del año pasado escribí mi columna bajo el título “¿Cuánto ha cambiado el canal de todos los peruanos?”, en ella daba cuenta de los giros nefastos ocurridos durante los dos primeros años de funcionamiento del Canal del Estado en manos de las nuevas administraciones que había impuesto el gobierno aprista.La demostración de que hasta la fecha los ensayos practicados durante estos 3 primeros años han sido un fracaso, aun para el gobierno, es la rotación en la presidencia del IRTP acaecida en dicho lapso.Dos cosas quedan demostradas:
El gobierno no tiene una política definida y clara respecto a la administración del canal del Estado y Los presidentes de turno en el IRTP tratan con buenas o regulares intenciones, de poner en práctica criterios personales que las más de las veces tratan de responder a la pregunta: ¿Cómo quedar mejor con Alan?, olvidando que la función de ellos es lograr que el canal, siendo de todos los peruanos, satisfaga prioritariamente las necesidades de comunicación televisiva, precisamente, de todos los peruanos.El resultado ha sido un canal divorciado del interés público, con un incremento injustificado de gastos y dedicado a poner, tantas veces como se pueda, la imagen presidencial; cortando indistinta y desordenadamente la programación de interés público (sea en lo cultural, informativo o de entretenimiento). Lo que provoca, primero que nada, el abandono masivo de los televidentes.Dentro del mismo contexto, a raíz del último cambio de presidencia, un nuevo ramillete de buenas intenciones ha sido puesto sobre la mesa. Esta vez, por lo menos en el plano declarativo, se retoman algunos de los criterios que llevaron al IRTP a su mejor época como señal de servicio público, bajo la presidencia de Eduardo Bruce; período en el que ocupé el cargo de gerente de televisión.Ricardo Ghibellini ha hecho una serie de afirmaciones que más o menos se resume así:
La Televisión del Estado debe dedicarse a difundir cultura, entretenimiento e información. (Hay que reducir los espacios informativos que habían crecido en demasía desde hace casi 3 años) Debe dársele al Gobierno una franja horaria que impida que aparezca sorpresivamente interrumpiendo la programación habitual. La economía del canal deberá sustentarse en dinero del Estado y de inversiones en campañas de imagen por parte de grandes empresas y no en publicidad convencional. Se promoverá la participación de productoras privadas que compren horarios de programación para el desarrollo de nuevos programas.Buenas intenciones, sin duda. Veamos: los dos primeros puntos son un claro volver a una situación similar a la que se tenía en la programación del canal del Estado antes de los cambios introducidos por las últimas tres administraciones. La personalidad del Presidente García se pondrá a prueba para aceptar estos cambios que sí pudieron ponerse en vigencia durante el gobierno del presidente Toledo.El tercer punto supone dejar de depender del casi 40% de ingresos que tiene actualmente el canal del Estado. Otra buena intención cuyo cumplimiento dependerá de que se reduzcan costos y de que el empresariado privado escoja al canal del Estado para desarrollar campañas de imagen y no para venta de productos. Es obvio que el presupuesto público asignado al IRTP no subirá como para cubrir la inversión privada publicitaria. Se nos hace difícil imaginar una reducción en los costos de esa magnitud, tanto más, cuanto que en estos tres últimos años sus gastos casi se han duplicado.Aquí aparece el último punto… Si esto significa lotizar el canal (al estilo que se ha hecho con Radio Nacional) se estará cometiendo un desatino. La administración del canal debe programar los espacios del mismo independientemente de cualquier interés, sea este de gobierno como de sector privado alguno. La programación debe ser de interés público y no para competir con el sector privado, el único espacio a ser vendido es el de los cortes publicitarios. La programación no puede ser tocada por otros intereses. Aquí ya existen algunas violaciones que deberían ser revisadas: espacios dedicados a la difusión de religiones o a la venta de fotocopiadoras y otros.Algo muy distinto es que una vez diseñada la programación se apele a la tercerización. Pero dicha tercerización (que nosotros usamos en nuestra gestión) debe respetar la Visión y Misión del Canal de todos los peruanos y nunca depender de ningún agente externo privado.Por otro lado y para finalizar, hay varias razones por las que veo difícil que sean campañas de imagen del sector privado las que llenen el bache económico de eliminar la publicidad privada. Como ex presidente de la Asociación de Aristas Aficionados y como ex vice presidente de la Asociación Prolírica, tengo experiencia como para pronosticar que mientras no exista una ley que ampare la exoneración tributaria a las inversiones en cultura o en interés público, las empresas privadas, muchas de ellas monopolios a causa de la herencia que nos dejó el régimen de Fujimori, harán actos de tímida y exigua presencia en este nuevo intento de financiar al Canal del Estado.La correcta solución a estas inquietudes es la creación de una segunda señal, tema de tal complejidad argumentativa que necesitará un nuevo y posterior artículo.Ojalá y que en esta ocasión las buenas intenciones se acerquen a buen puerto. Sería también importante que se informara con transparencia sobre el balance de los últimos tres años del IRTP. ¿Cómo se administraron los recursos públicos durante ese período tan criticado y botarate?Finalizo haciendo un llamado para que los televidentes de todo el país exijan la puesta en vigencia del dispositivo legal que independice los destinos del IRTP de la batuta del gobierno de turno.Guillermo Rivas Romero