DOS LIBROS, por: César Campos R. diario EXPRESO miércoles 10 de noviembreEl pasado lunes tuve una experiencia bastante singular porque cumplí el rol de comentarista de dos libros cuyos autores y personajes están vinculados a mi vida periodística. Pero además tienen implicancias públicas que creo conveniente resaltar. En la mañana, me ocupé de la obra: “Cuatro años más cerca del cielo” del arquitecto Rodolfo Beltrán, viejo amigo, ex Gerente General del Programa Nacional de Mantenimiento de Cuencas Hidrográficas y Conservación de Suelos (Pronamachs) y Director Ejecutivo del programa del Desarrollo Productivo Agrario Rural (Agrorural). Un testimonio del autor sobre sus tareas y desvelos en la lucha contra la pobreza y el cambio climático en las alturas del país durante el tiempo que enuncia el título de dicho libro.Como señalé en la presentación, Beltrán es un personaje multifacético que ha hecho de su existencia un laboratorio inagotable de emprendimientos. Tiene medallas internacionales en la disciplina deportiva de la natación a la par que maestrías y post grados en Arquitectura, especialización en soluciones de Desarrollo Sostenible, ex agregado comercial en Venezuela, jefe del Instituto de Comercio Exterior y Ministro de la Presidencia, entre otras muchas funciones nacionales e internacionales.Posee también como activo la ejecución de más de 100 mil obras en el sector rural, en los rubros de conservación de suelos, forestación y reforestación (sembrado de 100 millones de árboles), infraestructura (20 mil cobertizos, el más grande programa de protección y productividad animal), entre otras, los cuales han recibido distinciones locales (Buenas Prácticas Gubernamentales) y extranjeras (programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas). Un trabajo al que sólo cabe aplaudir y ponerlo de ejemplo para garantizar su continuidad.En horas de la noche, diserté sobre la compilación de John Bazán intitulada “Francisco Igartua, OIGA y una pasión quijotesca”, con una mesa integrada por amigos cercanos de quien fuera uno de los más grandes periodistas peruanos del siglo XX (Fernando de Szsyszlo, Miguel Irízar, Jorge Salmón y Martín Belaunde Moreyra). Tuve el privilegio de trabajar bajo la dirección de Igartua en la revista OIGA entre los años 1991 y 1995, etapa que considero la más valiosa de mi vida en este trajinar de la noticia y la información, por el alto nivel de su contenido.Paco falleció en marzo del 2004, desempeñándose como asesor del director de EXPRESO Luis García Miró y columnista del mismo diario. Inteligente, culto y polémico, abrazaba sus causas con la pasión que tradujo del orden personal establecido por el gran Miguel de Unamuno y fue coherente en sus visiones y obsesiones. Fue un hombre justo, generoso, con enorme sentido social y una perspicacia política incomparable. Muchos lo extrañamos en las redacciones y las largas tertulias sobre los acontecimientos del mundo.El lunes pude valorar entonces la tarea de un servidor público y de un colega crítico del poder. Simbiosis que muchos creen imposible en el ejercicio periodístico y hasta se vanaglorian de evitarla. Allá ellos. Para mí la perspectiva es diferente y como Paco Igartua, siempre estaré dispuesta a defenderla.