
Desde 1990 en adelante, las elecciones presidenciales peruanas registran la vertiginosa carrera de un outsider que amenaza el triunfo de los políticos profesionales. La próxima no será una excepción. La razón se halla en el profundo malestar ciudadano con el sistema. Los candidatos prometen y pocos cumplen. Además, la gente vive desengañada por reiterados escándalos y corrupción. Muchos ciudadanos de a pie piensan que todo político roba y que el sistema está hecho para el enriquecimiento de quien llega arriba. Por ello, cuando son convocados a elecciones, estos ciudadanos buscan alguien que tire un portazo y cierre el camino de los políticos profesionales. La gente busca y crea un improvisado que salta a la palestra.Este outsider no suele ser un desconocido. Por el contrario, una vez que llega arriba y se revisa su carrera, se descubre que sí estaba. Ya había aparecido y tenía un círculo mínimo de seguidores que le permitió armar una coalición. En realidad, ninguno participaba ni del Ejecutivo ni del Congreso. No estaba presente en la cancha grande, pero sí jugaba en ligas menores. Por ello, califican tanto Fujimori como Toledo, Humala y el próximo. En esta siguiente oportunidad no será Ollanta, porque ha actuado a través de una bancada, algo que lo hace parte del entramado político oficial.En este momento aún no estamos en campaña. Faltan unos nueve meses antes de comenzar la campaña municipal y regional que empalmará con la presidencial. Por eso, serán dos contiendas largas enlazadas. Es un calendario electoral idéntico al de 1990. En esa oportunidad también hubo municipales en noviembre del 89 y presidenciales en abril del 90. Por dos veces Alan García va a administrar un calendario semejante.Ahora bien, el calendario impone su lógica. Así, quien sale bien parado en la elección municipal toma un impulso que lo lleva al triunfo en la presidencial. No se trata necesariamente del mismo movimiento político, sino del tipo de figura. Por ejemplo, Belmont precedió a Fujimori y no eran del mismo grupo. Pero, ambos eran figuras nuevas que pudieron derrotar a los partidos establecidos.Ahora ya no hay partidos como los de antes y esa es la diferencia. Pero, las similitudes han de pesar. Aparecerán outsiders y sus posibilidades de tentar la presidencia dependerán del resultado de esa sensibilidad en las elecciones locales. Estos prospectos de outsiders ni se preocupan por las firmas. Hay tantos partidos inscritos que encontrarán a los candidatos con posibilidades. El sistema electoral peruano crea los vientres de alquiler que requiere quien corre por fuera.De parte del electorado progresista, hay dos nichos electorales por cubrir. Uno primero es el perfil medioambientalista. Sobre todo la juventud progre tiene fuertes preocupaciones por la naturaleza. A menos que Ollanta desarrolle una línea y encuentre candidatos que expresen esa postura, será desbordado desde la ecología. Obviamente es la oportunidad de Arana, entre otros, porque si permanece semioculto pueden aparecer Palacín o el mismo Pizango para llenar el vacío.La otra sensibilidad es corriendo al centro. Es decir, alguien moderno y bien vestido, que tenga algo de caviar sin la connotación negativa del término. Muchos van a pretender encarnar esa opción. Uno que lo puede lograr es Acuña. Está reclutando cuadros experimentados, ex AP e izquierda, tiene una red de universidades, dinero suficiente y ha derrotado al APRA en su plaza fuerte. Si lo repite en noviembre del 2010, tendrá viada para abril del 2011.Fuente: La República