
Este año, al igual que otros, nadie ha recordado como se debe, un episodio histórico fundamental, que sucedió en suelo peruano por estas fechas. Nos referimos, a la gran gesta conocida como la rebelión de Túpac Amaru II. (Otros la llaman revolución).
En efecto, hace 228 años, exactamente por estos días de diciembre, todo el sur peruano, el Alto Perú(actual Bolivia) y las provincias del norte argentino, estaban conmocionadas: se acababa de iniciar la terrible guerra encabezada por la familia Túpac Amaru, contra el sistema colonial hispánico.
La fecha del inicio de esta guerra, comúnmente se sitúa en el 4 de noviembre de 1780, día en que los rebeldes apresan al corregidor español Antonio de Arriaga, al que después ejecutan. Sin embargo, las acciones se prolongarían hasta 1783, cuando es capturado y asesinado el último gran líder que quedaba vivo: Diego Cristóbal Túpac Amaru.
Estallada en lugares altos del Cusco y Puno, aproximadamente 250 años después de la conquista española; la guerra de los Tupac Amaru, se expandió vertiginosamente por gran parte de las comunidades quechuas y aymaras, que se aliaron contra los colonialistas. Los caudillos de la rebelión pertenecían a una familia de curacas locales, que pregonaban ser descendientes de los INCAS; su grito llamando a la lucha contra el régimen colonial, causó una conmoción política y social, sin precedentes para su época. Ningún pueblo indígena de América, ni los aztecas, ni los mayas, ni los araucanos, fueron capaces de vertebrar un movimiento de tal magnitud y con tales ambiciones políticas.
Bástenos citar algunos párrafos de los muchos bandos, edictos y proclamas, que los Tupac Amaru hicieron llegar al pueblo por estos días. Por ejemplo, el EDICTO A LOS CRIOLLOS DE CHICHAS, del 23 de diciembre de 1780; cuyos párrafos más importantes, traslucen el proyecto nacional al que los líderes se orientaban, invocando lo que consideraban su estirpe real inca:
"Don José Gabriel Tupac Amaru, indio de la sangre real y tronco principal: Hago saber a los paisanos criollos, moradores de la provincia de Chichas y sus inmediaciones, que viendo el yugo fuerte que nos oprime con tanto pecho, y la tiranía de los que corren con este cargo, sin tener conmiseración de nuestras desdichas y exasperado de ellas y de su impiedad, he determinado sacudir este yugo insoportable y contener el mal gobierno que experimentamos de los jefes que componen estos cuerpos... Sólo siento, de los paisanos criollos, a quienes ha sido mi ánimo (que) no se les siga algún perjuicio, sino que vivamos como hermanos y congregados en un cuerpo, destruyendo a los europeos... para el amparo, protección y conservación de los españoles criollos, de los mestizos, zambos e indios, y su tranquilidad, por ser todos paisanos y compatriotas, como nacidos en nuestras tierras, y de un mismo origen de los naturales, y haber padecido todos igualmente dichas opresiones y tiranías de los europeos. Si eligen este dictamen no se les seguirá perjuicio ni en vidas ni en haciendas..."(1)
La lucha que siguió, tendría un terrible costo en vidas humanas: 100,000 a 140,000 muertos(2), saldo trágico de acciones de violencia política, cuya magnitud fue inusitada, en cuanto a la historia peruana; y que precedió el camino de los futuros movimientos emancipadores criollos. Nuestra memoria histórica no puede olvidar este hecho, ni el mensaje integrador lanzado por aquél que a sí mismo se llamaba el indio, de sangre real y tronco principal (de los incas): Túpac Amaru.
NOTAS.
(1) Colección Documental de la Independencia del Perú-CDIP, 1971, II, vol.2, pp.374.
(2) CORNBLIT, Oscar: "Levantamientos de masas en Perú y Bolivia durante el siglo XVIII". En: TUPAC AMARU II-1780- Compilación de FLORES GALINDO, Alberto; Retablo de Papel, Lima, 1976, pp. 180.
Autor: Mario H. Ortiz Nishihara.