
La tensión en la Península de Corea es portada en todos los diarios europeos. "No son fuegos de artificio", afirma en su articulo de análisis en el español El País, el columnista Lluís Bassets. Porque "al presidente no se le despierta de madrugada si no es algo grave". Se refiere, por supuesto, a Barack Obama, a quién el teléfono de la mesilla de noche le sonó hacia las cuatro de la mañana para informarle que caían bombas norcoreanas en territorio vecino más al sur. Y el peligro está en realidad en "el precipitado desplazamiento de poder que se está produciendo en el mundo y por donde asoman los oportunismos geopolíticos que dislocan el orden hasta ahora establecido". Entre ellos, el desafío de Israel a Washington, el comportamiento de Marruecos en el Sahara o los ataques de Corea del Norte a Corea del Sur desde que llegó Obama a la presidencia. Porque antes del ataque de esta semana, Pyongyang ya hundió un barco del país vecino. "Es imposible saber qué pretende el régimen de Kim", dice el analista, "pero ha quedado claro que ni las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONI sirven para bloquear el desarrollo nuclear del país, que tiene un programa de enriquecimiento de uranio más desarrollado de lo que se creía y que los servicios secretos de Occidente no se han enterado de nada". Lo que pasa entre las dos Coreas muestra también el peso de China en la escena internacional y que "el mapa armamentístico y nuclear del mundo se desplaza desde Europa -donde los presupuestos militares disminuyen- hacia Asia, donde ocurre todo lo contrario", dice Lluís Bassets...
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