
La Revolución cubana al cumplir 50 años le ha otorgado al género humano una lección de vida, decoro y resistencia, algo llamado heroísmo, inigualable.¿De dónde proviene esta cátedra? Para mi la isla se montó en un caballo para cabalgar en Dos Ríos, donde entregó su sangre el joven poeta, orador y patriota José Martí. Se podría sospechar que buscó el martirio para que Cuba fuera posible.Después de Marti los revolucionarios cubanos han desafiado el peligro tan sólo para convertir a esa isla insolente y dulce, con vocación de antorcha, en deseo vehemente de ser ejemplo.Fidel no se explica sin Martí. Fidel – luminoso, terco, irreprochable, de lágrima fácil y a ratos enojado –puso deliberadamente en peligro su vida- igual que Martí – no sólo durante la guerra, desafió huracanes e incendios y explosiones y se empecinó en decir siempre la verdad y ver bastante más allá de las próximas fechas.Aunque Raúl Castro brilla con luz propia, no sería explicable sin Fidel. Nada sería explicable, ni siquiera el faro aventajado del Che, o la singular solidaridad de Cuba, o la protección excepcional durante ciclones y epidemias de la vida humana, sin Fidel.Más aún: yo creo que los cambios de América Latina –Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otros- nacieron en Dos Ríos y en la Sierra Maestra.50 años es un parpadeo en la historia, pero es mucho también por tanta acumulación de júbilo, reciedumbre, lágrimas y sangre.Algo parecido ocurrió en Venezuela. Sin Bolívar la revolución sería imposible; pero se sabe, Chávez es posible por Bolívar y Fidel. En Nicaragua el FSLN no sería explicable sin Sandino. Pero, me consta, Carlos Fonseca –su principal fundador- fue posible por Sandino y por Fidel.Cuba es la razón de un abrazo para siempre.
Fuente: La Primera