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Viernes 26 de diciembre 2008

Lo que se decía de la crisi de los EEUU hace dos años (Parte II)

Esta es la continuación de la primera parte de este artículo que anticipo lo que finalmente sucede en los EEUU desde mediados del año 2008. Leanlo y, les sugiero, reflexionen sobre esto...
Viernes 26 de diciembre 2008
Lo que se decía de la crisi de los EEUU hace dos años (Parte II)

MÁS ALLÁ DE LAS CONSPIRACIONES

Sería ingenuo atribuir la crisis a la aplicación de una estrategia errónea por parte de la Casa Blanca. Debemos insertar dicha estrategia en el contexto más amplio de la decadencia de la sociedad norteamericana y la misma como parte (decisiva) de un proceso de crisis global.

Si enfocamos el mediano plazo, desde comienzos de los 1990 (fin de la guerra fría) observaremos como la economía estadounidense se fue convirtiendo en un sistema basado en la especulación financiera y el déficit comercial al que se agregaron el déficit fiscal y las deudas de todo tipo en un proceso general de concentración de ingresos.   En suma; una dinámica elitista y parasitaria cuya primera etapa tuvo una cierta apariencia productivista en torno de los llamadas industrias de alta tecnología, su centro motor fue la euforia bursátil y las célebres "acciones tecnológicas" expresadas en el índice Nasdaq que crecía vertiginosamente.   Los expertos-comunicadores de la época señalaban que se había puesto en marcha un círculo virtuoso que empujaba a la economía norteamericana hacia una suerte de prosperidad infinita. Según ellos la expansión del consumo alentaba nuevos desarrollos tecnológicos que impulsaba la productividad y en consecuencia los ingresos y luego el consumo, etc. En realidad lo que estaba ocurriendo era una euforia bursátil que proporcionaba ingresos financieros presentes y futuros a empresas e individuos incitándolos a gastar más y más.                La fiesta concluyó a comienzos de la década actual y la economía se estancó, la nueva administración republicana no encontró otra vía de salida que una nueva burbuja mucho más grande que la anterior, esta vez basada en una avalancha de créditos inmobiliarios.   Junto al delirio financiero se desarrollaron otros fenómenos como la criminalidad y la criminalización estatal de las clases bajas, en especial de algunas minorías como la de los latinoamericanos y afronorteamericanos pobres o la degradación del sistema político (corrupción, sometimiento a los grupos de negocios ascendentes).   En especial se afianzó una convergencia de intereses que fue reconfigurando al tradicional "complejo militar industrial" para transformarlo en una extendida red de grupos financieros, petroleros, industriales, políticos, militares y paramilitares mafiosos. A comienzos de la presente década se produjo un salto cualitativo representado por la llegada de George W. Bush y sus halcones.   En un enfoque de más largo plazo, desde el fin del patrón dólar-oro (1971) y la crisis planetaria que le siguió observamos una crisis de sobreproducción global que fue postergada, emparchada, sobre la base de la expansión de los negocios financieros y del superconsumo norteamericano inscripto en una corriente mundial de concentración de ingresos.   La aventura militar-financiera no fue un exabrupto o una desviación neofascista del sistema de poder norteamericano sino un despliegue estratégico lógico (fuertemente impregnado de componentes fascistas) del núcleo central de poder de los Estados Unidos que de ese modo prolongaba, acentuaba, las tendencias económicas, ideológicas y políticas dominantes. Que fueron creciendo hasta devenir hegemónicas desde la presidencia de Reagan, pasando por Carter, Bush padre, Clinton hasta llegar a los auto atentados del 11 de septiembre de 2001 y la invasión de Irak.                  EL FIN DE LAS ILUSIONES La prosperidad ficticia del Imperio forjó sobre todo en los 1990 la ilusión de un Poder mundial avasallador ante el cual solo era posible adaptarse. Surgió una derecha global triunfalista que cubrió con un discurso "neoliberal" la orgía financiera, pero también un progresismo cortesano que sobre la base del sometimiento al capitalismo pretendía adornarlo con matices humanistas.   Tanto para los unos como para los otros la victoria del universo burgués era definitiva o por lo menos de muy larga duración. Pero cuando al iniciarse la presente década comenzaron a despuntar las primeras fisuras del sistema optaron en general por negar fanáticamente la realidad: la declinación del dólar o el súper endeudamiento norteamericano eran presentados como expresiones de una recomposición positiva en marcha del capitalismo global, el desquicio financiero como el ocaso de la especulación superado por una próxima reconversión productivista de la economía de mercado, en fin, cada muestra de fracaso era transformada en demostración de rejuvenecimiento.   Es posible que eso siga todavía un cierto tiempo más, incluso la declinación de los Estados Unidos y de otras potencias arrastradas por el gigante puede dar lugar a ilusiones pasajeras acerca del ascenso de capitalismos nacionales o regionales autónomos en la periferia o a reconversiones milagrosas de algunas economías centrales. El truco de remplazar realidad por deseos ilusorios suele dar buenos resultados a corto plazo, el problema es que las grandes tendencias de la historia terminan por imponerse.     Por Jorge Beinstein jorgebeinstein@yahoo.com
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