
El escritor peruano pronunció en esta institución su discurso de aceptación del Premio Nobel. En su alocución, Vargas Llosa exaltó la importancia de la literatura y llamó a “seguir sonando, leyendo y escribiendo”, la mejor manera de “convertir en posible lo imposible”.
Mario Vargas Llosa no desfraudó a nadie. Por el contrario, la elocuencia de sus palabras resonaron en el elegante salón de Academia sueca con la misma fuerza, dominio del lenguaje y emoción contenidas en sus libros. Su voz pausada y serena permitió disfrutar aquel mensaje lúcido y emocionante, leído con el gusto de quien saborea un delicioso manjar. Un mensaje de amor por la literatura, por Perú y España, respectivamente país natal y de adopción del escritor, por los héroes de los libros que ha leído desde niño, por los autores que los han influido, por sus padres, y por su mujer.
Vargas Llosa no olvidó nada de los 50 años que tiene escribiendo. Ni a los que lo han criticado en épocas pasadas, ni sus viejas batallas en favor de la democracia y contra los fanatismos, la violencia o las dictaduras. En una hora de discurso, el Premio Nobel de Literatura reiteró su llamado a defender y amar la lectura, la mejor manera de vivir “las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola”.
El escritor nacido en Arequipa hace 74 años recordó una infancia llena de ficciones e historias, en la que "viajó con el capitán Nemo 20.000 leguas de viaje submarino", luchó "junto con D'Artagnan, Athos, Porthos y Aramis", y se arrastró "por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean"...
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