
diario La Primera, 20 Dic. 2010
por El Escorpión
No me gusta la pelea de perros, tampoco ver que los gallos se agarren a chavetazos. Tolero el box porque se supone que son seres pensantes los que deciden medir sus fuerzas en un ring y porque casi nunca termina en muerte. La muerte jamás debe ser festejada en ninguna circunstancia.
Odio las peleas de todo tipo y la violencia en todas sus formas. Me gusta la diversión y el arte, la belleza y risa, la sonrisa más que la rabia; seguramente por eso detesto las corridas de toros porque, seamos francos, ver que un “valiente” delicado vestido de espejos se ensañe contra un toro hasta matarlo es simplemente bestial en el sentido más crudo de la palabra.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, abrió un gran debate al ratificar que hará un referendo para combatir la violencia en el cual incluirá una pregunta para ver si los ecuatorianos están de acuerdo o no con prohibir las corridas de toros por considerarlas una forma de maltrato contra los animales. “Maltratar a un animal es violencia y nosotros estamos en contra de ésta”, dijo.
Las palabras de Correa han generado una serie de reacciones. Le han dicho de todo aquellos que les gusta ver cómo muere un toro en la arena de una plaza y los que ganan dinero con los espectáculos salvajes.
Hay corridas porque hay gente tan contradictoria que paga por ver ese espectáculo de sangre y muerte. Es muy contradictorio que una mujer que ama tanto a los gatos y los perros disfrute una tarde de sábado cuando delante de ella matan a un toro de una manera tan salvaje.
Es igual de contradictorio que ese actor que ama tanto la belleza y la vida diga que matar impunemente a un toro es arte. La definición de arte es muy amplia pero no hay que ser tan irresponsable en llama arte a cualquier cosa.
En la tauromaquia, esa costumbre anclada en el pasado, se premia al que mata; mas no le digamos asesino al torero porque es obvio. ¿Qué le diría un torero si, al llegar a casa, su hijo pequeño llorando le incrimina: papi, por qué mataste al torito?
Los toreros deben tener algún complejo extraño; porque sueñan con matar, sueñan con ver sangre, con ser los ganadores en una pelea que saben que es desigual. Pobres, deben tener una forma extraña de ver la vida.