
Como bien dijera en una frase dada para la posteridad durante su primer gobierno nuestro actual presidente, Alan García “en política no se puede ser ingenuos” de hecho como sabe cualquier alumno de un curso básico de análisis político, toda intencionalidad expresada por un actor político es susceptible siempre de ser leída bajo el doble estándar de lo que es y lo que en verdad pretende ser.En momentos en que el máximo factótum de la farándula nacional, Magaly Medina se hallaba presa en el penal de Santa Mónica que el presidente de la república, un hombre reconocido por su amor a los reflectores y a los baños de popularidad –se acuerdan de los balconazos- se dispusiera a organizar la teletón acompañado de toda nuestra fauna farandulera, puede llamar la atención sobre sus reales intenciones. Desde luego seamos buenitos y pensemos que a lo mejor el presidente se propuso y lo logro además matar dos pájaros de un tiro; por un lado apoyar al hogar clínica San Juan de Dios y por otro subir algunos puntitos en las encuestas. Un recurso valido creemos en estos tiempos de escasa credibilidad de los políticos. No es que seamos mezquinos solo repetimos “en política no se puede ser ingenuos”.Que el Presidente iba a ser criticado, era de esperarse total no es moneda de oro, tiene detractores por doquier, y el mismo tanto como su partido, suelen ser terribles detractores del gobierno cuando les toca en suerte ser oposición. Desde luego la vaca no se acuerda cuando fue ternera. Aquí si viene un error gravísimo. La figura presidencial haciendo uso de un sarcasmo un tanto fuera de lugar, mostrando una ausencia enorme de humildad para hacer frente a los agravios. Algo sorprendente, AGP es el político peruano más notable, sagaz y astuto de su generación, la solitaria superestrella de nuestro firmamento político; un estratega brillante y aun así en esta ocasión como en otras tantas de su segundo gobierno decolora esta leyenda hasta niveles de lo folklórico. No pasaría de lo anecdótico, pero en virtud de su aura presidencial y su trayectoria, AGP está obligado a lucir su etiqueta de POLITICO con mayúscula y no deslucirse hasta los niveles a los que fácilmente podría llegar cualquier personajillo de alguna de esas microempresas políticas de carácter individual que entre nosotros hemos dado en llamar movimientos independientes.