
Siendo artista, estoy sorprendida del exceso que se ha hecho gala, más allá del respeto que se debe tener por un creador como Arturo Cavero, al utilizar su imagen durante sus exequias y, para mi sorpresa, también en su entierro. Ha sido demasiado.Ojala que este desborde generosidad por parte de nuestro presidente Alan García se extienda de una vez por todas hacia toda la comunidad artística peruana. ¿Acaso no merecemos todos los artistas, constituyendo, un patrimonio cultural del país, un trato semejante, cierto no ya en el féretro o en la tumba, de parte del Presidente de la República?Ya, para que no lo tomen en primera persona, digamos del Estado peruano. Digo esto, porque más de uno se ha pronunciado, aunque en silencio, contra todo lo que ha sucedido en los últimos días. Ya no sabían qué hacer con el inmenso cuerpo de Arturo Cavero. Felizmente que a estas horas ya ese cuerpo que tanto hizo desde su género en la canción criolla por nuestro país, ya descansa, lejos de la manipulación y las cortinas de humo que impiden ver lo cierto, en paz.Yo no quiero, por otra parte, pensar que esos honores que bien merecía Arturo Cavero se deban solo al hecho, como dicen algunos, de entrañable amistad con el Presidente de la República. Arturo Cavero en vida, estoy segura, esperaba más de su presidencial para con los artistas del Perú. Esperaba, segura estoy, una reglamentación de la llamada Ley del Artista que incluye a todos los hombres y mujeres del arte que dignifican a nuestro país. A este país que tanto amó y por el que con tanto sentimiento cantó.Su amiga:Lucy