
La iniciativa de construir un museo de la memoria sigue despertando polémica. Y, ante las aprensiones expresadas por el impulsor del proyecto y presidente de la comisión ad hoc, Mario Vargas Llosa, es positivo que autoridades importantes del Poder Ejecutivo hayan reiterado su compromiso con el proyecto.El laureado escritor dijo recientemente: “La comisión está trabajando en condiciones no fáciles, porque hay mucha hostilidad, sobre todo de los sectores recalcitrantes que estuvieron vinculados a las matanzas”.
Ante ello, el canciller José Antonio García Belaunde ha respondido oportunamente que las críticas de algunos personajes del Gobierno son netamente personales y no reflejan la posición del Ejecutivo, que tiene plena disposición de construir el museo. Se refería, por ejemplo, a la postura del ministro de Defensa, Rafael Rey, quien ha aclarado que, aunque la iniciativa le parece inconveniente, “ya está autorizada por disposición presidencial y donde manda capitán no manda marinero”.
Del otro lado, sin embargo, tampoco pueden soslayarse las amenazas contra el ex presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), doctor Salomón Lerner Febres, que provendrían de sectores radicales y deben merecer acuciosa investigación y sanción.
Estos episodios evidencian lo controversial del asunto, por lo que tiene que imponerse un enfoque equilibrado para abordar el proyecto. Si queremos un Perú democrático, más justo y en paz, no podemos olvidar los extremos de la repudiable violencia e insania terrorista ni las circunstancias en que esta se dio. Asimismo, es penoso pero necesario recordar que los excesos los cometieron los terroristas, pero también ciertos elementos descontrolados del aparato estatal.
El museo, como dice Vargas Llosa, “no puede servir de propaganda política para nadie, porque entonces se desnaturalizaría”. Esa fue una de las condiciones que puso el presidente García al dar luz verde al proyecto, tras un tenso y áspero debate político: que se aplique un enfoque amplio, plural, inclusivo y ajustado a la verdad histórica.
El objetivo es conocer lo que realmente sucedió y sacar lecciones para evitar que se repita otra espiral tan violentista y sanguinaria. Al respecto, el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) debe ser una referencia, pero no la única fuente. Hay otras, como la versión de representantes de la sociedad civil y de los estamentos militares y policiales, que tuvieron un papel principal en la lucha antisubversiva, que deben ser evaluadas con respeto y sin animosidad.
Hay que aprender de la experiencia de países como Alemania, cuya canciller ha entregado una importante donación para este museo, pero también de otras naciones que han sufrido dolorosos períodos de cruenta guerra interna.
En el caso del Perú se dan otras circunstancias particulares a considerar, relativas al poco tiempo transcurrido desde ese período oscuro y al intento del senderismo de seguir atacando al Estado y a la sociedad, ahora aliado al narcotráfico en el VRAE. En tal contexto, los varios soldados que, en los últimos meses, han ofrendado sus vidas en defensa de la patria no pueden ser olvidados en un museo de la memoria.
Tal como lo apuntamos recientemente, la única manera de evitar que las tragedias se repitan es recordando objetivamente cómo y por qué sucedieron, y tomando conciencia de la necesidad de la paz y la reconciliación para el futuro del país.Fuente: El Comercio