
Cuando Norecomendable (Edson Lara) subió al escenario se le olvidó el dolor de garganta y el cansancio de una semana agitada. De comienzo a fin, fue un desborde de melodías y energía dejando en el escenario la poca garganta que le quedaba. No le dio la gana de explicar sus canciones, ese era nuestro castigo por la poca atención que les dimos a sus amigos que se presentaron antes. Al terminar el concierto, sentí la extraña necesidad de llegar a casa y poner su disco.
Su música es suave y enérgica, de letras claras y honestas. Con él no existen las medias tintas. Aborda temas sociales y cotidianos, como la hipocresía, la doble moral la discriminación y el amor. Él no vende imagen ni ilusión, se enfoca en la realidad y la lucha diaria del hombre por subsistir.
Quedamos en encontrarnos al día siguiente. No llegues tarde me dijo, odio la impuntualidad. Llegué 15 minutos antes. Mientras caminábamos en busca de sombra, me dio una cátedra sobre “Trova y recalcó que su música no lo es. Lo mío es música urbana e independiente, y compongo porque soy terco.
Cuando me contó que es profesor de historia y geografía pude entender su habilidad y fascinación por explicar todo como un cuento. “Cuando era niño, mi padre me dijo que lo sueños se podían cumplir, pero cuando le conté que quería ser profesor y no abogado como él soñaba, su discurso cambió: mi vida ya no sería un sueño sino una pesadilla de bajos sueldos. Los padres suelen hacer eso. A mis alumnos siempre les dije que luchen por lograr sus sueños y metas. Por eso mismo dejé la docencia para dedicarme a la música”.
Norecomendable decidió seguir sus sueños a pesar del que dirán, siendo más perseverante que nunca. Cuenta con orgullo que aprendió a tocar guitarra sin tener una. Sigue aferrado a ella, porque aún no cuenta con otros instrumentos para su banda. La primera vez que se animó a escribir fue a los 15 años con el propósito de conquistar a una chica. A los 21 años descubre a Benedetti y Vallejo, animándose por la poesía. No le gustaron los versos y se fue por la prosa. Con una sonrisa tímida, me cuenta que le resulta más fácil componer una canción, solo se guía de la música y va ensamblando la letra. Me da una demostración de cómo lo hace mientras tararea. Yo por mi parte pienso que hacerlo no se ve nada fácil. Talento le dicen.
A él no le interesa que le miren el rostro mientras canta o que compren sus discos. La música es más importante que su propio ser, es tajante al decir que la música es un don que viene de Dios, él se limita a llevarla al público. El no se rinde, toca donde lo contraten y lo quieran invitar. Le encanta que los niños lo escuchen, porque está convencido que desde su inocencia, van a comprender su mensaje.
El control de calidad corre por cuenta de sus amigos. Si ellos aprueban su nueva composición, la toca ante el público. Le gusta compartir escenario con ellos. Son una especie de hermandad donde nadie es mejor que el otro, cantan juntos y se admiran entre ellos.
No pude evitar preguntarle de donde aprendió a ser tan perseverante y a interesarse tanto por los problemas sociales. A mi madre, confesó, mientras se le iluminaba la mirada. “Ella trabajó muy duro en un comedor popular y yo la acompañé desde los 10 años. Ahí vi cosas muy duras y como ella ayudaba a otras personas. Nunca lo hizo por reconocimiento, solo lo hacía, sin decir nada. Ella siempre fue honesta y me dijo que estudie, saque un titulo y luego haga lo que quiera. Eso hice”.Norecomendable cuenta con 3 producciones: Rossanasinpilas, verde y engañado por el strapple (concierto para una sola persona). Todas ellas de producción independiente y de muy buena calidad. Él me regala dos, prometí comprar el que falta.
Los compromisos previos hacen inevitable cortar la charla. Hacemos el mismo recorrido inicial para tomar las respectivas combis. Mientras me acompaña al paradero, se anima a contarme una anécdota:” Hay un sacerdote que deberías entrevistar. Un día me invitó a tocar en plena misa y una canción específica. Con vergüenza le pregunté si estaba seguro porque tenía un par de lisuras. Hazlo nomás, no te preocupes me dijo. En el momento que el sacerdote me avisó, la canté y cuando llegó la primera lisura, la gente empezó a gritar muy molesta. El padre los hizo callar y les preguntó: ¿acaso ustedes no dicen lisuras? Los asistentes se quedaron callados y continué con mi canción.
Me despedí con las ganas de un próximo concierto y con la seguridad que algún día, ese joven compositor que toma su combi y solo busca hacer de su arte un medio para ser feliz, recibirá el reconocimiento que no busca.