
Augusto Alvarez Rodrich
Los precios son el factor clave para la gente.
Uno de los programas más entretenidos e inteligentes de la televisión peruana es ‘Veinte lucas’. Transmitido por Canal 7 y conducido por el periodista Mauricio Fernandini, su formato gira alrededor de un chef reconocido que acepta el reto de preparar un menú para cuatro, a todo meter, con veinte soles. ‘Veinte lucas’ va más allá de la gastronomía. Además de presentar la trayectoria del chef, la preparación del menú y –lo que es la parte más entretenida para mi gusto– la compra de los ingredientes en algún mercado limeño donde se interactúa con vendedores que se convierten en los personajes más deliciosos de cada edición, es un programa lleno de peruanidad. Este tiene, finalmente, el componente del desafío de comprar los ingredientes con solo veinte ‘lucas’, lo cual es, sin duda, un elemento de interés para una población preocupada por su bolsillo y que cree que un menú de calidad siempre es caro. El precio de los alimentos es, sin duda, un asunto importante para la mayoría, incluso más de lo que usualmente creen los analistas y políticos que siguen las tendencias nacionales, y que parecen más preocupados por el crecimiento económico. En ese sentido, Alfredo Torres, de Ipsos-Apoyo, ha hecho notar que, para el ciudadano común, la preocupación principal no está, todavía, en la evolución de la producción, sino en los precios de los productos básicos. “Las autoridades no deben perder de vista que el éxito de la política económica para el ciudadano se sustenta en que los precios de los productos para el hogar se mantengan estables”, sostiene Torres con el conocimiento del que anda midiendo lo que piensa la gente. Para un presidente como Alan García, quien posee el récord nada envidiable de haber logrado, en su primer gobierno, la segunda hiperinflación más larga de la historia mundial, se trata de un asunto neurálgico que puede despertar, injustificadamente, fantasmas que ya nadie quisiera ver. En este sentido, la inflación de 6.65% del 2008, la más alta desde hace doce años, que en el rubro de alimentos llegó a 10% impulsada principalmente por factores externos, es una mala noticia para un gobierno que, en honor a la verdad, viene actuando con responsabilidad en el plano macroeconómico. Pero a la gente, al final, solo le interesan los resultados. Y eso explica la gran atención que el gobierno le pone a la evolución de los precios relevantes en la economía del hogar. El premier Yehude Simon ha llegado, incluso, a amenazar a las empresas por este motivo. Dentro de todo, la buena noticia es que los precios están bajando y que la inflación del 2009 sería la mitad de la del 2008. Ojalá. Fuente: La República