
Se trata del atentado más importante contra los Guardianes de la Revolución de los últimos años. Según la agencia de prensa oficial IRNA el ataque se produjo el domingo cuando un hombre que llevaba explosivos consigo los hizo estallar durante una reunión de los jefes de tribus en la ciudad de Pishin, provincia de Sistan-Beluchistán, en la frontera con Pakistán. Allí se encontraban los comandantes de los Guardianes de Revolución quienes participaban en una reunión para preparar un encuentro destinado a reforzar "la unidad entre las comunidades chiítas y sunitas". El atentado se produjo a las 08H00 locales y fue reivindicado el mismo domingo por el grupo rebelde sunita Jundalá (Soldados de Dios), responsable de otros ataques sangrientos.
"En esta acción terrorista, el general Nour-Ali Shoushtari, adjunto del comandante del ejército de los Guardianes de la Revolución, el general Mohammad-Zadeh, la más alta autoridad de este cuerpo en Sistan-Beluchistán, el comandante de los Guardianes de la ciudad de Iranshahr (sureste), y el comandante de la unidad Amir-al Momenin fueron muertos", indicó la agencia FARS.
Según la misma fuente, unas 35 personas perecieron, entre ellas jefes de tribus de la provincia de Sistán-Beluchistán (sureste). Unas cuarenta quedaron heridas, indicó por su lado la agencia IRNA.
La población iraní es de 71 millones de personas, de ellas más del 90% son chiítas. Pero la provincia de Sistan-Baluchistán, cercana a la frontera con Pakistán y Afganistán, alberga una fuerte minoría sunita. Esta región es considerada como la provincia menos segura de Irán debido a la presencia de rebeldes pero también de traficantes de droga.
En la mañana, el presidente del parlamento iraní, Alí Larijani, expresó en Teherán sus condolencias a los "mártires" durante la sesión de apertura del parlamento y culpó a Estados Unidos por este incidente alegando que los ataques de los terroristas constituyen una respuesta a la política de Washington en relación a Irán.Fuente: RFI