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Domingo 18 de octubre 2009

Algo sobre Martín Palermo: Eterno Palermo

Una breve síntesis de algunas adversidades de la vida del futbolista argentino Martin Palermo, quien a nuestra selección peruana le hizo recientemente un gol en "out side" (fuera de juego).
Domingo 18 de octubre 2009
Algo sobre Martín Palermo: Eterno Palermo

Bruce Lee sostenía que la verdadera esencia del hombre residía en superar todas las situaciones límite que la vida le planteara. "El único desafío humano es vivir y superar situaciones límite, porque sólo así puede entender que el hombre no conoce ni tiene límites". Hace cinco años, la vida puso en una situación límite a Martín Palermo.  Su compañera sentimental, Lorena Barrichi, era internada de urgencia en el departamento de Ginecología y Obstetricia. El embarazo de Lorena llevaba seis meses y presentaba complicaciones. Lorena tuvo un parto prematuro y Martín estaba presente en el quirófano. Su bebé nació por cesárea y pesó 500 gramos. El recién nacido fue llevado con urgencia a una incubadora y los médicos redoblaron sus esfuerzos para evitar lo inevitable. El pequeño Stéfano sólo vivió unas horas, para desesperación de su padre y dolor desgarrador de su madre. Con Palermo devastado por la tragedia, los hinchas de Boca se sumaron al dolor de su ídolo y se agolparon en el departamento de Martín, para hacerle llegar su calor. Y Martín, aún sin reponerse, impulsado por su gran corazón y el amor de Lorena, le pidió a Alfio Basile, que le permitiera jugar ante Banfield para honrar la memoria del pequeño Stéfano.  El entrenador de Boca, con lágrimas en los ojos, accedió. Con el 9 de Boca a la espalda, Martín saltó al campo, escuchó emocionado la ovación del público y anotó dos goles.  Entonces pudo llorar, rodeado por el abrazo de sus compañeros, y dedicó los dos tantos a su bebé, a quien abrazó simbólicamente, con los brazos extendidos hacia el cielo. "Mi pibe Stefano, todo es para vos..."  No era la primera vez que la vida azotaba a Palermo. De hecho, la vida siempre se ha empeñado en colocarle situaciones límite al gran ídolo de Boca. Como una frustrante rotura de ligamentos, cuando Palermo tenía apalabrado su fichaje por la Lazio, que iba a ser el fichaje más caro de la historia de Argentina. O como una fractura casi total de tobillo, cuando jugaba en España, después de que una valla de publicidad cediera y aplastara el pie a Martín, en días en los que Villarreal era "Palermolandia".  Tampoco le fue fácil cuando, en plena Copa América, lanzó y falló tres penaltis en un mismo partido, siendo objeto de mofa y escarnio de toda la prensa mundial. O cuando la opinión pública le cayó encima después de que Argentina se desayunara que un zoológico había bautizado a un pingüino como "Martín Palermo", porque era "torpe y lento, pero gracioso".  Nadie daba un peso por él cuando volvieron a crujirle los ligamentos cruzados. Peor, mucho peor, fue cuando la vida le deparó la operación a vida o muerte de su entonces novia Lorena. Su chica sufría un aneurisma que la tenía al borde de la muerte. En aquella ocasión, Palermo siguió jugando a fútbol. Sus goles, sus cabezazos y su carisma fueron la mejor medicina para Lorena, que gambeteó a la muerte.  La vida, desde que Martín Palermo tiene uso de razón, siempre se ha empeñado en enfrentarle a situaciones límite. Y Martín, todo coraje, todo sufrimiento, todo corazón, siempre ha salido vencedor del partido.  Nadie como Palermo para hablar de compromiso, de lucha, de bajones, de retornos, de pasiones, de depresiones y de situaciones límite. Por ese motivo, a pesar de la cuesta abajo de su carrera, a caballo entre acabar en el cementerio de los elefantes y un partido homenaje, Martín recibió la llamada de Maradona. Desprolija de un patrón de juego, metida en la centrifugadora de reputaciones y consumida por las urgencias históricas, la Argentina de Maradona vive al borde del precipicio. El Diego, expuesto por amor a la camiseta para estar expuesto a la crítica pública y mediática, andaba necesitado de hombres capaces de superar situaciones límite.  La AFA de Grondona, una máquina de picar carne y galopar sobre ceros en la cuenta corriente, llamó a Maradona y le pidió ocupar la silla eléctrica del banquillo de todo un país. Grondona, viejo zorro, sabía que no encontraría mejor paraguas que Maradona.  Héroe o villano, Maradona sería el mejor blindaje posible para unos directivos que, desde hace mucho tiempo, pasan demasiado tiempo con la mano cerca de la caja. Así que con Maradona intubado y en fase terminal como entrenador, El Diego llamó por teléfono a Martín Palermo. "¿Martín? Si, acá Maradona...¿Os animás con Perú?." Y Martín se animó. Con el 0-0 en el Monumental y la soga al cuello, Maradona buscaba soluciones. Una vez abandonada su burbuja, una vez puesto el "buzo" de técnico, sabía que si Argentina no está presente en el Mundial, habría manchado para siempre su legítima y gloriosa leyenda como jugador. Maradona llama a Martín Palermo, ya con 36 años y una espalda machacada por las lesiones, y le pone una estampita: "Resuelve esta historia como tantas otras que has resuelto...Martín".  Entró Palermo, ídolo de Boca al campo de River, y con él llegó un aguacero impresionante, un temporal brutal que acabó con los nervios de los argentinos, que se acularon con un 1-0 a favor. Minuto 90, empata Perú. La cabeza de Maradona huele a pólvora. Minuto 94, Argentina fuerza un saque de esquina. Un argentino patea al arco, un bosque de piernas esconde el balón y la pelota, caprichos del destino, le cae a una camiseta albiceleste, borrosa hasta para sus compañeros. Es Martín, de apellido Palermo. Empuja a la red. El campo de River grita por el ídolo de Boca. Argentina es un grito al viento. Maradona festeja con un panzazo a pie de césped. Perú estrellá un balón contra al travesaño en el minuto 95, en un disparo de Vargas desde el centro del campo. Y en mitad de la agonía, suena el silbato y Argentina se frota los ojos. Las cámaras enfocan a Martín. Y se escucha un trueno humano desde la grada: "Palermooo..." .  Y Martín Palermo, sin técnica, sin vistosidad, sin cintura, sin velocidad, ya sin juventud, vuelve a superar una situación límite. Maradona suelta adrenalina: "Ha sido el milagro de San Palermo". Y Martín, todo garra, todo fuerza, todo carisma, todo corazón, sonríe. Nadie como sabe tanto como él de resurrecciones, de bajones, de retornos, de fracasos y de gloria. Martín, de apellido Palermo, no pasará a la historia como un dechado de virtudes técnicas, seguro. Maradona dice que "Palermo es un tipo le da un beso a su mujer, sale de casa y antes de cerrar la puerta ya hace gol". Así es Palermo, un tipo inasequible al desaliento. Un hombre que ha goleado toda su vida, fuera y dentro del campo, a base de superar situaciones límite. Martín Palermo, pase lo que pase, ya es inmortal. Su hijo, Stefano, jalea sus goles desde el cielo. Rubén Uría / Eurosport

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