
Túnez, Egipto, Arabia Saudita, Jordania, Yemen… las calles de Oriente Próximo se alzan contra Gobiernos que llevan decenas de años en el poder. Los creían inamovibles, ya no. El ejemplo de la revolución de Túnez cunde estos días en el mundo árabe.
Cuando el 14 de enero el régimen tunecino de Zine el Abidine Ben Alí se desmoronó bajo el peso de las protestas de la Revolución de los jazmines, millones de árabes soñaron por primera vez con la posibilidad real de escaparse del yugo de las dictaduras que les atrapan. Se podía ver por televisión y por Internet. Era real. Túnez era como sus países y ha triunfado un arma que hasta entonces desconocían: la protesta colectiva en las calles. Las llamas del cuerpo de aquel joven tunecino que encendió la chispa de la revolución en su país han corrido como una voraz pólvora por Oriente Próximo. Los motivos que le llevaron a inmolarse eran los mismos que aquejaban a sus compatriotas. Y a su vez, son los mismos que asolan al resto del mundo árabe...
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