
Cada segundo que pasa llegan tres nuevas almas llegan al mundo, casi 100 millones de personas por año. Sin ser visionarios podemos augurar que dos de cada tres vivirán en situación de extrema pobreza.
La especie humana se ha reproducido como un cáncer de su entorno natural, al punto que de una población de 1600 millones en el año 1900 habremos alcanzado los 7 mil millones para este año y nos habremos duplicado en menos de medio siglo. Imaginemos la presión sobre los recursos energéticos, la emisión de gases de efecto invernadero, contaminación del agua, aire y suelo, destrucción de bosques… ¿lo soportará el hombre?, ¿la tierra? Conocemos que la solución se llama desarrollo sostenible y acceso a la educación, especialmente para la mujer, por su rol fundamental en el control de la natalidad, planificación familiar y formación de los hijos. Según la ONU, mil millones de personas que malviven hoy en zonas desérticas, con climas adversos y recursos escasos, han iniciado una migración masiva de desplazados ecológicos en busca de mejores condiciones de vida; éxodo cuyo impredecible impacto en las sociedades desarrolladas está aún por verse. En un mundo donde el cazador es la muerte, reflexionar sobre estos temas y actuar, es impostergable. No hay tiempo para dudar y lamentarse, solo para decidirse… por la vida, aunque tengamos que pensar en mudarnos y construir ciudades subterráneas.