
NO ES POSIBLE
Por Luis García MiroNo hay excusa. Los sueldos de hambre que reciben nuestros soldados y policías no tienen justificación. En país alguno del planeta los Estados se atreven a obligar a sus uniformados a servir sin recibir a cambio un sueldo digno. En ninguna parte –salvo en el Perú– se aprecia un abuso tan grande hacia quienes exponen su vida y salud por la sociedad. Es una verdadera vergüenza este maltrato permanente, esta falta de respeto hacia los miembros de las fuerzas del orden, obligados a acatar los ucases del poder político sin dudas ni murmuraciones y por un plato de lentejas.Según declaraciones del general (r) Juan Gonzales Sandoval, las remuneraciones que reciben nuestros policías no llegan a la mitad de aquellas que ganan sus pares en el resto de la región sudamericana. Gonzales Sandoval sostiene que los miembros de las FF AA y la PNP hace un cuarto de siglo no reciben aumento alguno de haberes. El sueldo de un general es S/. 1,800, y el de un subalterno entre S/. 600 y S/. 800. Es más, el mismo vocero denuncia que el sueldo básico que aparece en las planillas de nuestros soldados y policías es S/. 0.49, y que es sobre ese monto que se calcula la jubilación del personal, el que en el mejor de los casos –y sólo tras 40 años de servicios ininterrumpidos– consigue una indemnización nominal de S/. 10 mil, la que además se abona tarde, mal y nunca. Siendo servidores del Estado policías y militares son puniblemente discriminados en sus remuneraciones. Más aún si se toma en cuenta que el custodio del orden y el soldado no tienen horario límite ya que –siguiendo la denuncia del general (r) Gonzales Sandoval– por lo general superan las 8 horas de labor diaria. En ese escenario, ¿cómo pretende la clase política que el Perú cuente con una fuerza armada moral y físicamente preparada y alerta –aparte de dotada de armamento adecuado y moderno– para defender nuestra soberanía; o cómo quiere que los 120 mil policías que necesita el país –resguardando cada custodio a 240 habitantes– tengan aptitud, decisión y coraje para enfrentar a la delincuencia común, al crimen organizado, al narcotráfico, etc., para darle seguridad interna a la nación, cuando el Estado solo les ofrece migajas por su arrojo? Los enemigos de las fuerzas del orden –las inefables oenegés de la progresía caviar– se opondrán como de costumbre a cualquier aumento de haberes para policías y soldados; por su lado la burocracia aprovechará el pánico para exigir mejoras también; y la clase política hará lo suyo poniendo reparos por cuestiones presupuestales. Pero mucho más grave que encarar una cadena de protestas y paros de la empleocracia civil del Estado sería exponer al país al reclamo público de los miembros de las FF AA y la PNP. Por cierto, mientras más tiempo subsista la planilla hambreadora de nuestros uniformados, más corrupción aflorará en ese sector, permitiéndole a la progresía cebarse con ello para seguir deslegitimando a dos instituciones medulares del país.Es hora que el presidente Alan García cumpla con una de sus promesas electorales: mejorar (sustancialmente, añadiremos) la remuneración de nuestros policías y militares.Fuente: Expreso