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Domingo 01 de noviembre 2009

Tarata - Critica

Una pelicula que trata de recordarle a los peruanos, lo peor de su pasado, pero tambien para hacerles ver lo bien que se ve el futuro.
Domingo 01 de noviembre 2009
Tarata - Critica

Hablemos de “Tarata”.

Conceptualmente, lo que quiso hacer Fabrizio Aguilar es arriesgado: tratar de hacer una película en la cual el miedo aparezca impregnado en cada uno de los momentos cotidianos de una familia. Se busca que la tensión se sienta en el ambiente, que esté incrustada en cada uno de los actos cotidianos de los personajes. El miedo rodea todo, incluidos los momentos en apariencia más relajados y felices, como las reuniones entre Claudia y su amiga, o la fiesta a la que van Claudia y su familia, y en la cual se tienen que quedar toda la madrugada por el toque de queda. Quizá ese sea el mejor momento de la película por el ambiente decadente que consigue transmitir.

Pero una película no es un concepto: lo que importa es cómo ese concepto está ejecutado. Y es ahí donde el filme falla.

Falla porque el diseño de los personajes responde a estereotipos que nunca evolucionan: el personaje de Daniel, por ejemplo, pudo haber resultado muy rico en su obsesión por descifrar las pintas senderistas de la universidad en la que trabaja, pero la película simplemente ilustra ese hecho sin generar ningún tipo de tensión, y lo va repitiendo una y otra vez. Y es justamente esa repetición la que va haciendo que el personaje, al resultar tan externa su motivación, se vaya convirtiendo en un mero esquema. Lo mismo ocurre con el personaje de la hija y su malestar casi innato: la película va repitiéndonos esa información una y otra vez pero sin generar ningún tipo de tensión o de angustia a partir de la puesta en escena, lo que hace que el mismo personaje se vaya encasillando. Vemos, de esta manera, ilustraciones de personajes que pueden vivir angustias internas o temores, pero que nunca llegan a ser transmitidas, lo que hace que sintamos toda la propuesta algo impostada.

La cinta falla también cuando comienza a acumular situaciones que tienen que ver con cómo el terrorismo se vivió en Lima. Por momentos la cinta busca ser una especie de “Greatest Hits” del terrorismo: arrestos extrajudiciales, intervención del ejército en universidades, coches bomba, desapariciones, toque de queda, entre otros. Al querer abarcarlos todos, la película se queda solo en la ilustración: ninguno de esos temas están tratados con la pausa o la tensión narrativa necesaria para que podamos sentirlos como reales. Una mayor concentración le hubiera servido al filme para que pueda trabajar mejor su propuesta.

Fabrizio Aguilar es un director con ideas interesantes: el momento de la fiesta ya mencionado y la escena en el que el protagonista y otro joven ayudan a colgar la bandera senderista resultan bien logrados. La idea de la universidad con pintas es muy buena, y en algunas imágenes está muy bien aprovechada. Hay un intento por hacer una abstracción del terrorismo, por representarlo a partir de escenarios, de objetos y de ambientes (la caminata entre carpetas amontonadas al momento de colgar la bandera es lograda justamente por el aspecto difuso, casi ininteligible del espacio) que resulta muy interesante, pero que se diluye en el intento de la película por querer abarcar tanto.

“Tarata” busca arriesgar y mostrarnos el terrorismo a partir de otra óptica, cosa que siempre es saludable. Lástima que también represente un paso atrás en la carrera de Aguilar, después de la apreciable “Paloma de papel”.

Este post es una invitación para hablar de “Tarata”, pero también para que opinen sobre cine peruano y sobre las propuestas que existen para cambiarlo.

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