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Martes 03 de noviembre 2009

Alan García, discurso al imponer condecoración póstuma a Arturo Cavero Velásquez

Patio de Honor, Palacio de Gobierno, el 11 de Octubre de 2009
Martes 03 de noviembre 2009
Alan García, discurso al imponer condecoración póstuma a Arturo Cavero Velásquez

PALABRAS DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, ALAN GARCÍA, AL IMPONER CONDECORACIÓN PÓSTUMA A ARTURO CAVERO VELÁSQUEZ Patio de Honor, Palacio de Gobierno11 de Octubre de 2009  Su eminencia señor CardenalSeñores ministrosParlamentariosAmigas y amigos del criollismo, del patriotismo y de la memoria de Arturo Cavero Velásquez: La Nación entera se recoge acongojada ante los restos de nuestro hermano Arturo, ahora que deja su cuerpo la vida, sabiendo que su voz quedará con nosotros. Su voz, que cultivó como una trompeta viva de juventud, como un tambor batiente de ilusiones en su ritmo, su voz que fue también profesión, disciplina y constancia, que tras una larga carrera fructífera y estética, llegó al tímpano, al corazón y al cerebro peruano de todos nosotros, reclamándonos patriotismo, orgullo y entusiasmo por la tierra. Nunca fue su presencia una compañía triste sino, por el contrario, una compañía de entusiasmo, de afecto y de alegría. Y el Perú lo fue reconociendo como un símbolo, como un ícono dicen otros, como una bandera de identidad, escarbando lo más profundo de nuestras ansias,  blancas y rojas, en la historia y la proyección orgullosa de lo que es esta tierra. Por eso lo reconocimos como símbolo e identidad de nosotros, y él nos devolvió alegría, bondad, sentido social a nuestra tierra y a nosotros a los que tanta alegría nos falta para ver con entusiasmo el futuro y saber lo mucho que representa nuestro pasado. Arturo Cavero nos dio siempre fuerza espiritual, entusiasmo y convirtió en alegría el instrumento de su voz y su canción recreando el criollismo, dándole un sentido nuevo hacia el futuro en esta forma distinta, aventurada, creativa que fue su música y su canción distinta de otras, proyectada hacia el futuro. Y supo entonces ir zurciendo de todos nosotros una identidad musical, una identidad estética que es a través de donde se proyecta mucho de lo mejor del espíritu. Por eso lo reconocimos y él nos devolvió alegría, bondad, gigante bueno, bondad, preocupado por nosotros, sentido social, ansiante siempre que las cosas mejoraran, pero confiando siempre en lo mucho que podía hacer nuestra Patria; jamás rendido, siempre sonriente y siempre mirando hacia adelante, siempre dando ánimo al que tenía al lado. Por eso, en esta oportunidad le rendimos homenaje nacional porque sabemos lo que él significa para todos nosotros, porque sabemos que, aunque su vida se apague, su voz con nosotros quedará, porque sabemos con San Pablo, que podría haber tenido el don de la voz, el don de la palabra o el don de todas las lenguas, pero nada hubiera tenido o hecho sin amor. Podría yo tener todas las lenguas, dice el apóstol, pero yo no soy nada sin amor sino un platillo vacío, un tambor que resuena. Lo mismo podemos decir que este hombre cantante era a la vez autor porque nos entregaba sus sentimientos y su orgullo de ser peruano en cada nota, y entonces más allá de tener una garganta prodigiosa, este nuestro Pavarotti, él tenía corazón en cada nota, consumaba bondad y nos contagiaba de su afecto, por eso lo queríamos. Podría ser un inmenso cantante, pero sin amor no lo querríamos como lo queremos hoy los que lo conocimos, los que bebimos de su amistad y los que no nos vamos a olvidar de él nunca. Por eso, lo despedimos desde esta Casa del Pueblo que es suya también y donde tantas veces vino antes y ahora para traer su entusiasmo, su voz, su alegría, su reflexión, para traernos el contagiante criollismo desde sus conversaciones. Camina pues hermano domador de los agudos y de la estridencia, camina pues gigante formidable del Perú y de la música; aquí nos quedamos quienes te escuchamos recordándote en tu voz que nos ha de acompañar por siempre. Y, en nombre de todos los peruanos, de los que te conocieron, de los que te escucharon, de los que te oyeron sin conocerte, de los que aún no han nacido pero escucharán de ti y sabrán lo que fue tu voz, en nombre de todos ellos, yo te impongo, hermano, la condecoración que el Libertador del Perú estableció para los más grandes, que no están solamente en la política, que no están  solamente en la escritura, pero están en la estética, pero también en la bondad de la relación humana y diaria con todos. Y, reconociendo esa alta dignidad humana que tú nos dejas como ejemplo, te impongo la Orden El Sol en el Grado de Gran Cruz que es su máxima expresión, para que todos los que crean música, los que crean música y estética, aquellos que tienen el don de la instrumentación, aquellos que tienen la voz, aquellos que tienen la capacidad de imaginar nuevos ángulos creativos en la música y la canción, sepan que siempre los reconocemos porque son banderas de identidad, de patriotismo y de nacionalidad. Recogidos ante ti, al que nunca quisimos o pensamos ver partir, te entregamos nuestro modesto homenaje nacional.  Al fin y al cabo, hermano, tú nos has hecho el honor de caminar al lado de nuestra Patria y al lado de nosotros durante todos estos años, somos nosotros los que te rendimos homenaje y te reconocemos superior. ¡Viva Arturo “Zambo” Cavero!¡Viva el Perú!

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