
Yerra Lourdes Flores cuando ingresa a un terreno tan resbaladizo como la futurología. Si ya es incierto pronosticar que sucederá el 2010, imagínense lo ocioso que es especular que pensará cada quien en el 2016.Alan García sufrió cuando hizo de aprendiz de mago. En 1990, inventó a Alberto Fujimori y se arrepiente de ello. Nunca imaginó que el japonés lo perseguiría. Fue la peor década de su existencia, exiliado y abandonado a su suerte. Siendo francos, el día de las elecciones generales es el único momento en que los ciudadanos pobres tienen el poder. Ellos son la mayoría de los votantes salvo en los 10 distritos más ricos de Lima, Arequipa y Trujillo.Asimismo, las elecciones son una actividad económica enorme que moviliza miles de millones de dólares. Es una de las pocas oportunidades en que las clases altas redistribuyen el ingreso hacia las clases bajas. No solo regalando pisco y butifarra como antaño. Ahora las campañas requieren de una sofisticada logística que abarca desde publicidad televisiva hasta contratación de guardaespaldas y movilización de portátiles.Lógicamente, quienes financian el mayor porcentaje de las bolsas de los candidatos son los empresarios quienes no hacen discriminación y apoyan a todos proporcionalmente a sus posibilidades.El Congreso acaba de rechazar el proyecto de ley que deroga el voto obligatorio. Es una medida que atenta contra la economía de los desposeídos. Si se libera el derecho a sufragar, la cotización de la voluntad popular aumentará y los partidos políticos tendrán que gastar más en conquistar la simpatía de las masas. En las últimas elecciones en Estados Unidos se llegó a pagar 30 dólares por llevar a cada elector a su mesa de sufragio.Mientras más elecciones se realicen, mayores ingresos recibirán las organizaciones de bases. Los partidos más antiguos debido a su abnegada militancia se ahorrarán algunos cientos de miles de dólares. En términos crematísticos, esa es la única ventaja de contar con una institución ya cuajada. Obviamente existen excepciones. También se presentan aspirantes al parlamento que son muy apreciados, conservan seguidores leales y no necesitan gastar una fortuna para salir elegidos. En conclusión, sancionar el voto facultativo es la decisión más democrática.