
Miles de alemanes se agolparon entonces a cada lado del muro de 155 kilómetros de longitud, brindaron con champán, se abrazaron y bailaron formando una cadena humana inolvidable. Llegaron hasta el muro con martillos, combas, picos y todo aquello que pudiera servir para romper la barrera que por más de 28 años marco la división de dos modelos políticos-económicos, separó a familias y los alejo del mundo exterior.