
Columna: Agenda Política Título: La advertencia Por: César Campos R. La hostilidad sufrida por Jaime de Althaus a manos de una turba intolerante parapetada en el supuesto culto a los valores cívicos, adelanta la factura que pagaremos los periodistas libres bajo un régimen gubernamental auspiciado por esa caterva de fronterizos. Sin embargo, convoca también – una vez más – al examen introspectivo de los hombres y mujeres de prensa en torno a las líneas maestras de su trabajo, que los ayude a reconciliarse con las distintas capas sociales del país. Hay una porción totalitaria de peruanos que ve llegar su hora junto al triunfo electoral de Ollanta Humala. Es la misma que ya se expresó “libremente” luego de la juramentación de Susana Villarán como alcaldesa de Lima, arrancando manu militari las placas inaugurales de algunas obras de Luis Castañeda (acto mezquino ya oficializado por la misma Villarán). Así mismo, lo ha hecho contra el regreso de Jaime Bayly a la televisión nacional y el congresista electo (guste o no) Kenyi Fujimori en Puno. Su apuesta por las opciones de izquierda va de la mano con tales arrebatos de pretendida justicia popular, lo cual revela un encadenamiento atávico a las prácticas dictatoriales del comunismo siglo XX. De Althaus ha dicho con razón que las posiciones por él defendidas en el programa de TV que conduce, se basan en argumentos. Y ciertamente espera que la respuesta sea otros argumentos y no una intifada criolla promovida por desadaptados. Estos, sin duda alguna, disfrutan una prematura calidad de “comisarios del pueblo” contra la prensa libre que alguien debe haberles otorgado oficiosamente. Pero el episodio habla también de cómo va extendiéndose en el criterio de algunos compatriotas que los medios de comunicación forman parte del elenco de actores políticos. No los admiten como vehículos informativos ni intermediarios entre los protagonistas públicos y los consumidores de la información. Últimas encuestas le atribuyen mayoritariamente a la prensa un rol tendencioso y en algunos casos señalan que carecen de credibilidad (especialmente la televisión y los diarios). No debe perderse de vista que en todas partes se acrecientan las tensiones entre el periodismo y los sectores políticos. Un trabajo encargado por las Naciones Unidas a Dante Caputo el año 2004 dio cuenta de estas asperezas donde personajes de la política latinoamericana atribuían a la prensa el socavamiento del desarrollo de sus respectivos países. En declaraciones al diario El Comercio el 11 de mayo de 2008, el presidente Alan García lanzó un enunciado polémico: “La oposición del Perú son los periódicos y está bien. El Perú debe tener una oposición. Lo que es impresionante es que no hay hombres políticos en la oposición, sino periodistas en la oposición.” Cada día se opina más donde debe informarse. Son temas que – lo vengo sosteniendo hace años – los periodistas debemos poner sobre la mesa, discutirlos y alcanzarle a los lectores, televidentes y oyentes los resultados de nuestra reflexión. La garra totalitaria contra la libertad de prensa debemos rechazarla pero junto a ella promover una evaluación que nos lleve a un debate interno sobre el curso de nuestro trabajo.