
La distancia física invita a la añoranza de lo que dejamos en el lugar de origen; invita a recordar los mejores momentos que uno ha pasado con los hermanos, primos, con los padres, con los abuelos, incluso con los vecinos. Todo eso he visto a través de mis recuerdos, todas esas imágenes me han sacado una lágrimita por lo emotivo que me resulta mirar atrás y encontrarme con esos instantes que han marcado mi vida y me han guiado a ser lo que soy.Pero debo reconocer que el sistema me ha absorbido, o quizá he sido yo quien se ha inmiscuido sin darme cuenta, motivo por el que he dejado de evocar mi infancia, he olvidado comunicarme con mi familia y he estado encerrado en el trabajo sin pensar en nada.Y esto me ha conducido hacia un choque con la realidad, un choque brutal que me ha hecho reflexionar sobre ello; ha reconsiderar estos detalles que hacen de uno más humano, más sensible. Porque creo que recordar de dónde viene uno, invita a ser más humilde en la vida.Sucede que el domingo recibo la noticia de que mi padre estuvo internado durante tres días y en vez de cuestionar el por qué no me avisaron antes dije: ¿por qué no me he comunicado antes? Me sentí fatal. No es posible que haya tenido que esperar recibir una mala noticia para voltear a ver a mi padre y prestar atención a su salud.He tomado mi rumbo y me he dejado llevar por ese camino que conduce sólo al estrés, a mecanizar mi calidad de humano, a ser un robot en el sistema. Ha dejar de lado mis emociones, a observar menos mi entorno, a despreocuparme de quienes me dieron la vida. A alejarme de todo, incluso de la distancia que guarda mis recuerdos.En estos tiempos en que la sociedad está aturdida con noticias sobre muertos, delincuentes y políticos nefastos, no está demás voltear a la familia y hacer de la vida un instante agradable. Sin esperar a que, como yo, suceda algo desfavorable para considerar que la familia siempre está ahí. A mi padre lo van a operar y no me ha quedado más que expresarle cuánto lo amo, decirle que estoy con él en estos momentos. Cuando lo llamé por teléfonos sentí en su voz el gusto que tuvo de escucharme. Yo no me sentí muy bien. Hubiera sido mejor llamarlo seguido y decirle que es mi ejemplo, que lo amo y que siempre estoy con él. Hoy he reflexionado justo cuando me he quejado de estas cosas: no es necesario esperar que la familia esté pasando malos momentos para hacerles saber cuánto los queremos, y no es necesario esperar el día de la madre o del padre para expresarles que los amamos. Hoy he caído en ello y he caído tan bajo que el fondo me ha hecho retomar esto. Desde hoy estaré más cerca de mi familia, aunque nos separe una distancia física.
Comentarios:
camión.de.ruta@gmail.com