
El origen de los circos se pierde en los tiempos, la actitud nómada de llevar el espectáculo a cuestas como un camello llevando a cuestas el paisaje propio. El circo también lleva en los carromatos su casa, y así camina descubriendo y compartiendo diferentes costumbres.Los Circos de tanto pueblo que visitan ha creado una leyenda de misterio y curiosidad que no se necesita ser niño para disfrutarlo, más bien es imperioso tener tener alma de niño para disfrutar con los trapecistas, payasos, malabaristas, domadores y cuanta cosa rara exista en el planeta. Siempre habrá un circo en algún pueblo perdido de nuestro territorio...Posiblemente Miriam Chiu Morillo, artista plástica, alma sensible que vivió su niñez en Nazca, alimentó y guardó en su retina imágenes de aquellos circos que transitaron. Miriam ahora los ha convertido en objetos de arte, jugando con las imágenes de las pinturas de estos grandes maestros del arte universal, para darles movimiento propio, hacer carruseles y llevarlos nuevamente al alcance de un niño... son bellísimos...