
El violento desalojo del bosque de Pomac en Lambayeque nos ha recordado la intangibilidad de las áreas verdes.
Al masificarse las viviendas ubicadas en edificios, somos privados de poseer un huerto propio. Se han generalizado los jardines colectivos. Es una bendición domiciliar en un vecindario en que existen numerosos parques. Envidio a quien vive frente a una arboleda y desde su balcón observa el paisaje. De chicos construimos plataformas con tablas de madera sobre las ramas de las poncianas y con hondas guerreábamos utilizando semillas y frutos como proyectiles. También practicamos fulbito hasta que el municipio lo prohibió. En el parque conocí las primeras revistas pornográficas. Asimismo, fue escenario de broncas y juegos mixtos como la botella borracha. Mis hijos aprendieron a montar bicicleta en las veredas del parque. He sido feliz leyendo bajo la sombra de un árbol acompañado de laboriosas hormigas, ruidosos tórtolos y lentos caracoles. Los campos cercados son un desafío para nuestra cultura botánica. Es difícil confundir a los populares geranios y grato reconocer las diversas clases de lirios, fucsias y buganvilias. Una innovación es la construcción de oratorios que albergan diferentes vírgenes y santos. Conozco algunas ermitas que son tan grandes que ocupan la mayoría del terreno. Es costumbre que los alcaldes nombren a los parques rindiendo homenaje a personajes ilustres y develan monumentos recordatorios. Lastimosamente, la gran mayoría de esculturas son pintarrajeadas por graffiteros que no respetan a la memoria nacional. Los que mas disfrutan de los parques son los perros, los ancianos y las empleadas domesticas que acompañan a los niños. He visto natachas jugando voley y flirteando con guachimanes, jubilados fumando sentados en las bancas, espontáneos haciendo footing de madrugada, señoras practicando tai chi y abnegadas mamas peloteando en avanzadas horas de la noche con un hijo que no tiene sueño. El único problema de mi barrio es que hace unos años, un colegio religioso amplio sus límites tomando un enorme pedazo del parque. ¿Llegaré a ver el día en que esa área se libere para el uso de toda la comunidad? ¿Tendremos que usarla fuerza pública para recuperar la parte del parque invadida?