
Mataperros, roba luces, roba agua, come pollos, violador, terrorista; aquellos no son los peores epítetos que les podemos aplicar a los inquilinos de nuestro palacio legislativo. A todas luces en nuestro país no tenemos una clase política solida. Abundan los politiqueros pero faltan los estadistas.La culpa de esta situación esta sólidamente distribuida. Esta el discurso anti-partidos difundido por el velascato y su Sinamos y más recientemente remasterizado por el fujimorismo durante toda la década de los 90`s, están los años y las décadas de fracasos de una clase política que muy pocas veces pudo estar a la altura de las circunstancias, está el hartazgo del ciudadano de a pie que no nos deja mirar lo que podría ser mejor y nos obliga a elegir lo menos malo.En el Perú contemporáneo existen tres partidos que pueden ostentar con algo de veracidad ese nombre. El APRA, el PPC y AP en ese orden en razón de su capacidad de organización y presencia a nivel nacional. El APRA es sin duda la mayor y mas fuerte maquinaria electoral del país con presencia militancia en todo el Perú y además disfruta temporalmente de las mieles del gobierno. El PPC un partido de solida trayectoria pero hasta el momento más que nada de alcance regional. Hasta el momento solo Lima demuestra ser su solida plaza. Para finalizar el dos veces y algo más gobernante, Acción Popular sin un liderazgo definido, con dudosa capacidad de convocatoria y frágil organización. A pesar de todo persevera y sigue ahí, en abierta demostración de la lealtad de una militancia largos años alejada del poder, algo impensable en un movimiento “independiente” o en una franquicia política.Todos los demás esfuerzos de organización partidaria están en ciernes, son proyectos en vías de consolidación como Perú Posible, Solidaridad Nacional o el Partido Nacionalista. Podrán tener mayores perspectivas de alcanzar el poder que organizaciones como AP o el PPC, pero siguen en la misma vieja vía de la fragilidad institucional de todos los dizques movimientos “independientes” de las últimas décadas, existiendo a la sombra de sus caudillos y con frágiles perspectivas de supervivencia en el caso de una continuada mala racha electoral.Aparte de ellos sobran los representantes de la vanidad y la angurria, los oportunistas, los vientres de alquiler, las iniciativas de corte empresario-electorero, los membretes y las siglas de ocasión, aquellos siempre disponibles al mejor postor y en busca del aluvión o al menos la garua de incautos que los transporte directo hacia las ansiadas migajas del poder en el gracioso nombre de la undécima salvación de la patria.Definamos bien que es un “independiente” metido en política. Pues simple la más pura y dura contradicción, la expresión sincera del oportunismo. En cada proceso electoral asistimos al grotesco espectáculo de miles y miles de salvadores de la patria ansiando llegar al poder. Todos despotrican en contra de los políticos, todos prometen como políticos, hacen política y todos participan en elecciones como cualquier político y encima nos juran que no son políticos, a diferencia eso sí, no le rinden cuentas a organización ninguna y ni siquiera a sus electores, su consigna es “por dios y por la plata” y por supuesto que su dios es la plata. Y volvemos a caer como ovejas en el matadero electoral una y otra vez.Pero no todos los independientes son oportunistas, algunos los hay con complejos mesiánicos, los dueños de la verdad como aquel candidato que perdió todas las elecciones a las que se presento desde alcalde distrital a la presidencia. Su “partido” yace en pertinaz olvido. O aquel congresista de dudosos antecedentes que ingreso con una lista radical y se volvió moderado y oficialista a la primera oportunidad de un lugar en la mesa directiva del congreso, y todo ello en nombre de la “decencia política” y la “defensa de la democracia”. Por supuesto con el aplauso generalizado de todos los medios de prensa. Tenemos una pequeña elite política, entendida esta como los que están en la cercanía del poder o en usufructo de este. No son muchos y no abundan los reemplazos, pero están ahí. Carecemos casi por completo de una clase política que la sustente. A lo más el partido aprista con su añeja militancia y sus programas de formación que se inician desde la más tierna infancia podría representar un embrión de aquello. Pero de ahí no pasa no existen canales de intermediación entre las elites y los ciudadanos, en donde allá ciudadanos…los partidos del orden son incapaces de mediar correctamente con sus representados. Pregúntenlo en Bagua o en Llave si todavía lo dudan, en cada lugar donde el descontento de la comunidad llega al límite del linchamiento, ahí está la sombra de la ausencia y no solo del Estado.Y la medicina sigue ahí. Al alcance de la mano apuntar hacia la consolidación de un estado de partidos y a una clase política que conozca de sus funciones y mire hacia el interés común. Y como siempre el principal colaborador del reinado del caos son los propios ánimos electoreros de muchos pseudo políticos y aun peor de nuestros pocos estadistas. Para muestra un botón, existe en la actual ley de partidos políticos la obligación de asistir a los partidos con una asignación en función a sus resultados electorales con el fin de lograr un mejor desempeño de sus funciones y la actual administración no lo aplica, la anterior se paso de largo olímpicamente esta norma, el pretexto el descontento social. A nadie le gusta tomarse la medicina, es amarga pero si no la toma, no sana y si no sana se muere. ¿Cómo reaccionaríamos ante un medico que preocupado por el malestar del paciente no lo cura? Lo tendríamos que despedir. Retrasar los remedios es una característica de una clase política anémica.¿Cómo pretendemos que los partidos cumplan su función sin el acceso a recursos? Por puro amor al arte. Y nos sorprenderemos luego que la delincuencia y los más oscuros intereses tengan cabida en la arena política. Desconfiamos del político profesional, es mas lo vemos con horror ¿Seguiremos sustentando a amateurs, oportunistas, coimeros e iluminados? Si para construir nuestra casa llamamos a un médico, a un mercachifle y a un ladrón ¿Qué autoridad tenemos para quejarnos de los malos ingenieros? Tenemos que aprender de una vez que la política es una actividad como cualquier otra, con su especificidad y sus valores, una actividad que tiene que ser profesionalizada y rentada.En la misma lógica nombre del más rancio igualitarismo democrático y el romanticismo más completo nuestra constitución permite que un ciudadano plenamente analfabeto pueda llegar al parlamento y asumir la representación de nuestros intereses en los asuntos de la más complicada especialidad. Y el mundo sigue girando, se hace cada día mas complejo y mientras nos atamos a normas anacrónicas.Nos quejamos también de la falta de renovación de la partidocracia cuando es lo más normal del mundo que ciertos actores se mantengan largamente en la cercanía del poder, cuando restringimos al máximo nuestra participación en los asuntos políticos y dejamos paso libre al reinado del otoronguismo. Hacemos sistemáticamente caso omiso de la norma dictada por la experiencia: “Para el triunfo de los malos es preciso que los buenos no hagan nada”.Con que cara podemos exigir representantes prístinos cuando pasivamente entregamos nuestra representación a los menos deseables miembros de nuestra sociedad, no es asunto solo de los partidos políticos y de los caudillos de ocasión que no filtran adecuadamente a sus postulantes, es culpa de todos nosotros que votamos desinteresadamente y por culpa de una infame obligación que dicta la ley. Sin un voto razonado y consciente, sin un votante responsable obligado tan solo por su consciencia y su vocación cívica, nada de esto cambiara.